Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

Benítez y la condición humana

No hay mejor lugar para conocer la condición humana que el PRI de Durango. Digo esto porque basta con realizar un ejercicio de retrospectiva y revisar las notas periodísticas así como los posteos en las redes sociales de los actores priistas para ver lo que pensaban de Luis Enrique Benítez Ojeda, a quien no lo bajaban de indisciplinado, dolido, amargado, déspota, prepotente y demás adjetivos ofensivos porque siempre se distinguió por ser un duro crítico de cómo se hacían las cosas al interior de este instituto político.

Luis Enrique estuvo en la posibilidad de ser dirigente estatal del tricolor cuando Manuel Herrera dejó la dirigencia para ser postulado como candidato a la presidencia municipal de Durango, pero determinados sectores y actores se manifestaron en contra porque lo calificaron como un premio a la rebeldía, lo que podía originar que muchos militantes alzaran la voz para recibir algo a cambio.

Hoy nos damos cuenta que esos mismos que lo denostaron, lo bloquearon y le hicieron demás humillaciones, sin empacho aceptaron jubilosos “el acuerdo” de unidad que se dio en la oficina central del PRI en donde todos los aspirantes se sumaron a su postulación para presidir el Revolucionario.

Poco faltó que como en los viejos tiempos del PRI, recibieran a Benítez en el aeropuerto con pancartas de apoyo, confeti, serpentinas y matracas; muchos lo esperaron en la sede estatal para saludarlo, tomarse una selfie con su nuevo virtual presidente estatal y decirle “yo siempre dije que tú eras el indicado; siempre estuve contigo”.

Ya quedaron atrás los epítetos ominosos que le colgaban a Benítez Ojeda, ya no lo evaden ni le niegan el saludo. A este día elevan por los cielos todas sus virtudes, logros, trayectoria, estudios, formación académica, sus dotes oratorias, su tenacidad, su valentía de enfrentarse a los poderosos y así toda una retahíla de loas que reflejan la pobreza de la condición humana y más de los políticos. Al menos Francisco Luis Monárrez Rincón no quiso someterse a esa decisión cupular, ayer renunció a su militancia al PRI, aunque ésta fuera meramente testimonial.

Ahora Benítez se enfrenta a no realizar lo que tanto criticó y juzgó, a cumplir su promesa de expulsar a todos aquellos priistas que apoyaron la campaña del panista Rosas Aispuro para la gubernatura y que en la actualidad ostentan una posición importante en el gabinete; en no obedecer a un solo grupo o actor de su partido, en fin, se dará cuenta de la realidad o como reza la frase popular, “no es lo mismo ser borracho que cantinero”.

Sin embargo, queda claro que el escenario para el PRI no es el más halagador, que no administrará la abundancia como sus antecesores; tendrá que modificar el chip de sus estructuras en que no caminan si no hay aceitada económica de por medio; aunque es muy hábil, goza de una perseverancia tejadiana y tendrá que rendir buenas cuentas, sobretodo porque le espera una elección concurrente y son muchas las posiciones que están en juego.

A Benítez le ayuda que el gobernador no tiene cuadros para impulsar en las candidaturas del año próximo, pero tiene la chequera y hoy en día, desgraciadamente, los comicios se ganan a base de dinero, dinero y más dinero.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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