Escrito por Hermann Linden

Licenciado en ciencias de la Comunicación, con especialidad en medios masivos. Analista y comentarista político.

Cachorros atrapados en las redes

Las redes sociales pueden ser un arma de doble filo, por un lado nos ayudan a mantenernos en contacto con el mundo entero, amistades, artistas y marcas pero por el otro convierten nuestra vida privada en un aparador que asegún de lo que publiquemos puede llegar a significarnos problemas o meternos en situaciones bochornosas.
El Lunes 11 de julio, Juan Pablo, el hijo del Presidente Magistrado de Durango Apolonio Betancourt Ruíz, pasó a formar parte de ese selecto grupo de jóvenes mexicanos que han sido atrapados por las redes de la vida V.I.P y cometió uno de esos “deslices” que suelen sucederle a los hijos de los ricos y poderosos políticos, ya que se corrió como pólvora en las distintas plataformas sociales una fotografía de su perfil de Instagram, en el cual ostenta el usuario juanpablobtncrt y donde publica un Chevrolet Corvette color amarillo de reciente modelo y al cual titula como “el cachorro”, pa´ acabarla de amolar. Habrá quien considere que el joven quien es abogado de profesión, no está haciendo nada malo y que se encuentra en todo su derecho de publicar lo que le venga en gana… pues sí, pero ante un escenario por demás álgido, después de una contienda electoral, en vísperas de una alternancia política y ante la obscura nebulosa que rodea a su padre a raíz de las declaraciones donde indica que no piensa retirarse de su puesto hasta el 2018, la fotografía de Juan Pablo Betancourt, denota falta de sensibilidad y lastima a los duranguenses.

Para nadie es sorpresa el nivel de vida y lujos que pueden darse los jueces y magistrados en nuestro país, en repetidas ocasiones se les ha señalado por los altos, altísimos sueldos que perciben dónde incluso superan al del mismo Presidente de la República. Partiendo pues de esta prebenda, sin duda alguna el Presidente Magistrado del Tribunal Superior del Estado, ha de estar en posibilidades de adquirir un vehículo que su valor ronda el millón de pesos y el cual bien puede prestarlo a su hijo, regalárselo o lo que guste hacer con dicho automóvil; sin embargo e independientemente de la controversia en la que se encuentre envuelto, no deja de significar una banalidad, un exceso y un derroche de soberbia, lo que además de levantar polémica y envidias (que sabemos que más de uno quisiéramos poder tener un “cachorro” para dar la vuelta) en un estado pobre, donde se acaba de publicar que a nivel nacional ocupamos el tercer lugar del PEOR nivel de sueldos entre profesionistas, mostrar y vanagloriarse de sus bienes, los cuales bien pueden ser adquiridos bajo arduas jornadas laborales sin duda, pero que a fin de cuentas son pagados con las contribuciones de los ciudadanos, a nadie le parece justo ni leal.

Y es que, según la última encuesta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, la riqueza, es el factor que 6 de cada 10 mexicanos considera que más divide al país.  

Por lo pronto, el caso del “cachorro” sabemos que pasará al olvido como ha sucedido antes, múltiples casos similares obvio en distintas proporciones de abuso de poder hemos vivido los mexicanos; los Ferraris de los Deschamps, la lady profeco, los jets privados con perros de compañía, los paseos en elefante, viajes a tierras exóticas, el Porsche que le regaló aquel funcionario de INFONAVIT a su hijo, las fiestas con cantantes famosos, los opulentos departamentos, en fin, por mencionar algunas extravagancias de los hijos de políticos que se dan la vida de astros de cine y que en su mayoría no han quedado en más que una superficial explicación de sus progenitores, cierres de sus cuentas de Twitter, Facebook, Instagram, etc. o en el máximo de los casos, el despido o renuncia de quienes aún demuestran un poco de vergüenza.

Escrito por Hermann Linden

Licenciado en ciencias de la Comunicación, con especialidad en medios masivos. Analista y comentarista político.

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