Escrito por Lecturas Politicas

Columnista huésped: Nacho Aguado

¡Viva Durango!

Estamos en crisis de credibilidad. Las personas a veces no creen ni en sí mismas y eso provoca que no busquemos el bien colectivo y solo nos ocupemos en resolver nuestras necesidades y beneficios personales. Es un comportamiento natural, quizá instinto humano y, a pesar de tener religiones y la política no logramos entender que solo se crece, ayudando; si crece el vecino y el próximo, crecen nuestras posibilidades y condiciones.

En Durango vivimos un río revuelto donde carecemos de identidad; quizá de durangueñeidad no, porque nos identificamos y nos conocemos, pero no hemos dado el paso a generar una especie de cultura proteccionista que permitiría un efecto multiplicador de beneficios; de simbiosis duranguense. Quizá los gobiernos no lo han provocado o precisamente es culpa de la crisis arriba mencionada.

Rio revuelto, sí. En Durango vivimos de tres factores económicos principalmente: gobierno, remesas y comercio informal. Y son precisamente esos los que tratamos de cuidar como fuente de sustento y sobrevivencia. Vivimos de tradiciones sociales, políticas y económicas; y a veces el conformismo nos gana. Sin darnos cuenta vamos a pasos lerdos, porque nos asustan los cambios, los riesgos y dar oportunidades. Sí, dar oportunidades; sin dar oportunidad no logramos oportunidad; y es un círculo vicioso que no percibimos.

Sobre la política estamos tan alejados –la mayoría ciudadana- que confiamos en la misma clase política desde hace décadas. Sí, de esa política tradicional que la vemos normal, dentro de todos los partidos políticos y en todos los gobiernos vividos. Las mismas personas con los mismos resultados, porque no nos atrevemos a dar oportunidad de tomar decisiones importantes que percibimos como fuertes o desfasadas. Nos asustan los cambios, pero no el estatismo, y eso nos tiene sin crecimiento. Necesitamos romper con esa cultura “tradicional” y “conservadora”, que no permite probar la cultura de solidaridad, identidad y de simbiosis que otras regiones han logrado.

Vemos a gobernantes limitados en visión y acción; que solo se dedican a contener controles y solo ejercer el poder para beneficio personal. El pueblo mandante no se organiza a pesar de estar perfectamente conscientes de los graves errores, con acciones y omisiones, de quienes llevan el timón del barco. Vemos todavía, aunque cada vez menos, a los políticos como superiores o gente exitosa y no es así; y ese silencio o abulia la disfrutan los grupúsculos políticos.

Durango vive de ciclos políticos y no entendemos. En un Ejido cada dos años cambia el Comisariado Ejidal conformado por un Presidente, Secretario y Tesorero; se van rotando cada “representación temporal”, y casi siempre, las personas del Ejido integran ese comisariado varias veces. Ojalá la política volviera a sus inicios; a esos comités de organización y administración a beneficio colectivo, donde saben que son vecinos todos y que el timón lo tomarán en diversas ocasiones, porque no cualquiera quiere o puede participar como comisariado y, además, buscan que la experiencia los dirija mientras lo hagan bien.

En la política de Durango, la experiencia no ha sido muy efectiva. No han hecho algo diferente que permita salir de las tradiciones. Quienes ostentan la “representación temporal” actúan como si fuera vitalicia, y esa ha sido una de las tradiciones mediocres de nuestro Estado; genera círculos viciosos.

Si, amable lector, estamos mal. No toda la culpa la tiene Enrique Peña Nieto, el PRI, el reconocido PriAn, Herrera Caldera, Ismael o Aispuro; la tenemos todos, porque estamos inmersos en esa cadena en donde todos somos un eslabón. De acuerdo que no hemos tenido gobiernos que se atrevan a ser diferentes, y que en ellos descansa la mayor responsabilidad, pero no basta la crítica o el señalamiento, porque a eso se le llama conformismo y mucho alimenta la planteada crisis y cultura que nos tiene postrados.

Hagamos tregua y ayudemos con ese sentimiento de solidaridad que nace en los desastres naturales. Creamos en las personas, no en partidos políticos. Hay buenos y malos en el PRI, como en el PAN, en MORENA y hasta en los que no tienen partido (Independientes), ayudemos a generar contrapesos y equilibrios, hasta conformar un “dream team” que nos representen mejor.

¡Viva Durango!

Escrito por Lecturas Politicas

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