Escrito por Milton Eloir

Profesor de Ciencias Políticas y Militante del PRI

Decir la verdad

 

Colaboración de Milton Eloir

 

A pesar de ser un lugar común, una frase hecha y hasta trillada, no se me ocurrió mejor forma de iniciar este artículo que diciendo: “la gente no le cree a los políticos”. Y comienzo con este cliché porque si bien es algo que se dice hasta el cansancio, en poco se profundiza lo que esconden estas lapidarias palabras. Si la gente no le cree a los políticos y sus derivados es por la sencilla razón de que los políticos no dicen siempre la verdad, o mejor dicho, pocas veces dicen la verdad completa.

Y es que la lógica tradicional del político es ser un “encantador de serpientes”, un personaje que enamore con las palabras, que diga lo que todos queremos escuchar… pero en su lógica no atraviesa como es que ese encanto se transforme en hechos. Al político tradicional le parece ilógico investigar sus propuestas o realizar diagnósticos de los posibles problemas. Lo importante para ese político es donde están los votos, que les tengo que decir a ellos porque deben votar por mí y luego veremos que les podemos cumplir de lo que prometimos. Eso cuando están en campaña claro está.

Una vez que son funcionarios o representantes populares, los políticos tradicionales tampoco están acostumbrados a la verdad en su lenguaje. Lo importante es la retórica, las frases rimbombantes y la zalamería y la exageración como premisa fundamental de su comunicación. Siempre hay solución para todos los problemas en turno, todo se puede realizar en un trienio o sexenio según sea el caso. No hay imposibles para los políticos tradicionales, siempre se están cimentando pasos, dando avances sin precedentes y encaminándonos a las vías del desarrollo, el progreso, la esperanza, los mejores tiempos, etc. Estamos en el eterno sendero de la ruta correcta bajo su lógica tradicional.

Y por mientras el ciudadano se sigue viendo en el mismo espejo. Sigue ese eterno camino sin ver cuándo llegará a tierra prometida. Y es ahí donde las mentiras y las verdades a medias no tienen salida. En la soledad de la casa del ciudadano, una vez que está en sus cuatro paredes haciendo el recuento de su día y se da cuenta que sigue siendo el mismo. No hay verdad a medias que resista la reflexión del preludio al sueño.

Los ciudadanos no le creen al político. Y lo peor es que el político no quiere verlo o no quiere saberlo. Siempre buscarán la forma de torcer el lenguaje para no mirarse en el espejo y decir: lo que digo no todo es verdad. Un buen ejercicio para todos los que estamos en el mundo de la política sería trasladar el lenguaje de su comunicación a la vida del hogar; no me imagino diciendo el padre al hijo que “hay avances significativos en el pago de su colegiatura; que se están haciendo esfuerzos sin precedentes para pagar la quinceañera de la hija o que no es que no haya dinero para comprar una nueva estufa, sino que hay ajustes al gasto programable del mes que impiden conseguirlo en el tiempo y forma establecidos con anterioridad, lo que no significa que no se compre”

Por eso propongo una idea bastante simple para retomar la confianza de los ciudadanos, de la sociedad: decir la verdad. En serio, con esas tres pequeñas palabras articuladas podemos dar un gran salto hacia la nueva política. Decir la verdad. ¡Vamos! ¡Repítalo con fuerza! Decir la verdad. Como si fuera un mantra. No es tan difícil.

Y así diciendo la verdad le podremos decir al ciudadano que no se va a terminar la pobreza en tres o seis años. Que no se terminará el desempleo, ni mucho menos se puede asegurar que no existan crímenes o delitos. Que la pavimentación no se puede terminar con buena calidad en un año, ni que habrá despensas y apoyos económicos para todos. No prometamos lo imposible, apliquémonos a lo realizable.

Pero para ello hay que aprender a diagnosticar, a medir y a evaluar. Con esas tres herramientas podemos construir acciones realizables y comunicarlas con verdad. Dejemos de lado el ego y el protagonismo. Encontremos que le duele a nuestro estado, a nuestra ciudad, a nuestra colonia… no es tan complicado. Lo difícil es saber decir “de todos estos problemas, hay que priorizar aquellos de mayor urgencia porque no hay para solucionar todo”. Sin rodeos, sin mentiras, sin el clásico “lo vamos viendo”, “yo creo si se puede”, “luego lo platicamos pero cuenta con ello”… mentiras, mentiras a medias, verdades a medias; para el ciudadano todas son iguales.

Es una idea para un Durango Diferente que solo requiere la voluntad del político de saber decir que no, pero también de saber planear, diagnosticar, medir y evaluar. Y claro está, de la sociedad de exigirles esa preparación, que no atraviesa necesariamente por grados de educación sino simple lógica… una nueva lógica política.

Escrito por Milton Eloir

Profesor de Ciencias Políticas y Militante del PRI

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