Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

El ascenso de Mons. José Antonio Fernández

La Iglesia Católica, al ser un ente manejado por humanos, no deja de ser ajena a los intereses políticos, económicos y sociales.

Hoy por hoy, Carlos Aguiar Retes, actual arzobispo primado de México, se ha convertido en el clérigo más poderoso de nuestro país, situación que fue labrando desde que fue arzobispo de Tlalnepantla, impulsado por el entonces nuncio apostólico en México, Christopher Pierre, quien se dedicó a ordenar un número importante de obispos mediante la reorganización del territorio nacional para crear nuevas diócesis, cuyas cabezas se alinearon en torno a Aguiar Retes, entonces presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, quien vino a jugar el papel de una especie de contrapeso a Norberto Rivera Carrera, a grado tal que fue su sucesor en la Arquidiócesis Primada de México y cuya acción inicial fue realizar una auditoría a fondo en todas las parroquias y oficinas, así como dar el visto bueno para el castigo a sacerdotes pederastas.

Sin lugar a dudas, que Aguiar Retes desea mantener el control de su región de Tlalnepantla y al quedar la sede vacante, ni duda cabe que fue consultado por Franco Coppola, el actual nuncio, para que sugiriera un perfil para encabezar esta arquidiócesis que es políticamente relevante por el número de fieles que representa así como por su cercanía en el centro de las decisiones.

El perfil propuesto fue José Antonio Fernández Hurtado, actual arzobispo de Durango, quien no tuvo un ejercicio terso de su ministerio episcopal, dado que tuvo que enfrentarse a muchas inercias y resistencias al interior del presbiterio, relacionados principalmente con los juegos del poder por la simbiosis que existía entre los poderes público y eclesiástico. Recuerdo que en una ocasión los alcaldes de Durango y Gómez Palacio, le sugirieron públicamente que no removiera a un párroco del Centro Histórico, pero con más ganas lo trasladó al norte de la entidad.

Este es un ejemplo de las resistencias al cambio que quiso emprender Monseñor Fernández, quien llegó el momento a generar la percepción en que no estaba a gusto en la Arquidiócesis de Durango, ya que a la menor oportunidad se iba ya fuera a Morelia o Tuxtepec, quizá hastiado de tanto chisme e intriga que le hacían llegar tanto del presbiterio como de la clase política.

¿Quién vendrá en lugar de monseñor Fernández Hurtado? Quizá otro recomendado de Aguiar Retes. Antes Norberto Rivera opinaba sobre quién podría llegar a Durango, pero ya no está en el ejercicio del poder y esto pudiera favorecer para el originario de Cuencamé, Enrique Sánchez Martínez, obispo de Nuevo Laredo o bien, a Artemio Flores, actual obispo de Tepic y quien hiciera sus estudios en el Seminario Mayor de Durango.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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