Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

El centenario del zorro con solideo

 Ayer se cumplieron 100 años del natalicio de Antonio López Aviña y solo lo recordó el licenciado José Enrique Torres Cabral quien le guarda gratitud y afecto; de ahí en más para todos pasó desapercibido, tanto para la Arquidiócesis de Durango, clérigos que crecieron bajo su protectorado, empresarios que prosperaron bajo su manto y políticos que se encumbraron con sus influencias.
Solamente Torres Cabral se acordó de López Aviña y a su sepulcro llevó un modesto arreglo de flores, pero uno se pregunta por qué la Arquidiócesis no programó alguna celebración para honrar a su memoria, sobretodo porque gracias a sus relaciones e inversiones de su caudal consiguió hacer seis obispos como Héctor González, Rafael Barraza, José Andrés Corral, Juan de Dios Caballero, Manuel Mireles y Norberto Rivera Carrera.

Muchas leyendas urbanas giran alrededor de quien fuera uno de los arzobispos más conservadores e influyentes que ha tenido Durango; sus detractores tejieron una serie de mitos como fue el haber amasado una gran fortuna que se calculaban en vastas propiedades y demás donativos generosos provenientes de la evangelización de los ricos no obstante, sus amigos cercanos aseguran que no había tal cosa y que murió pobre, pues la totalidad de sus ahorros los invirtió en hacer regalos ostentosos a cardenales y a Gerónimo Prigione, entonces Nuncio Apostólico en México para que dichos cabilderos convencieran a San Juan Pablo II de emitir el nombramiento como cardenal a Norberto Rivera. Sin omitir la visita que hiciera el papa viajero a Durango, en donde pernoctó y recibió una cajita rectangular con forro aterciopelado de color rosa, en cuyo interior había centenarios, según me relató uno de los integrantes del comité organizador de aquél acontecimiento.

Empresarios, políticos, funcionarios, comunicadores y demás personas influyentes desfilaban por el arzobispado cuando Monseñor López Aviña estaba en la plenitud de su vida; sabían que era el operador político de la Conferencia del Episcopado Mexicano y que se telefoneaba frecuentemente con Carlos Salinas de Gortari para afinar la Reforma Religiosa de 1992 con la cual la Iglesia Católica recuperó el terreno perdido por los gobiernos jacobinos y por eso es que todos pasaban a reportarse o a pedirle su intercesión para conseguir un objetivo personal, a cambio lo nutrían de información valiosa en la cual residía también su poder.

Durante su misión episcopal defendió su línea conservadora de la fe católica, para ello desplazó a los jesuitas hasta prácticamente borrarlos del territorio arquidiocesano; combatió la teología de la liberación y no tenía ni un cabo suelto entre el presbiterio así como las organizaciones de laicos para evitar que a través de ellas se filtraran doctrinas progresistas por eso es que bajo su gobierno episcopal se fortalecieron las agrupaciones de extrema derecha.

Don Antonio no escapó a la máxima humana de ‘que tanto tienes, tanto vales’ pues una vez que concluyó su labor como arzobispo se retiraron todos aquellos oportunistas que sacaron tajadas de sus intercesiones; se le acabaron sus amigos y casi nadie iba a visitarlo a su modesta residencia de Villas Campestre y cuando empezó a sufrir estragos de la falta de recursos, donó en vida su casa al Cardenal Rivera así como otras pertenencias de gran valor, por ello es que el Arzobispo de México siempre estuvo al pendiente de las necesidades económicas de su protector y doña Ticho Tinoco de su cuidado personal.

Como interesado de los temas eclesiásticos, no quise abonar al olvido del gran jerarca eclesiástico como lo fue don Antonio López Aviña, considerado por muchos como un zorro con solideo pues dominaba las artes de la política con elevada pericia; fue querido por muchos pero también aborrecido por muchos otros, pero su huella ahí está y hay mucho que documentar de su obra y el centenario de su natalicio hubiese sido buen pretexto para abordar con amplitud el paso de este hombre por el mundo.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

Un Comentario en “El centenario del zorro con solideo”

  1. miguel teran

    Un gran Arzobispo, muy mal por la Arquidiocesis, recordar es honrar el trabajo de esta gran compañero católico

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