Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

El cerro de los sueños rotos

foto de Luz Rodríguez

El Cerro de Mercado, es una representación viva de nuestra idiosincracia, en torno a él se dibujan innumerables leyendas y cuentos que a la fecha nos seguimos creyendo

 

Se acabó el Cerro de Mercado, y esperemos que junto con él se termine la abulia, la desilusión y el desánimo que impregnara con su polvo colorado a nuestra tierra.

Esta montaña ha influido en los malestares locales, la primera desilusión que marcara fue a los conquistadores que pensaban que se trataba de una enorme mina de plata y cuando descubrieron que no era ese metal precioso que añoraban, tristes, desilusionados, emprendieron más viajes expedicionarios en busca del oro que los hiciera ricos e influyentes ante la Corona Española.

El Cerro de Mercado, es una representación viva de nuestra idiosincracia, en torno a él se dibujan innumerables leyendas y cuentos que a la fecha nos seguimos creyendo, como las promesas de los políticos que nos iban a llevar a la grandeza o al progreso de una vez.

Esta mina de hierro, analógicamente demuestra lo que es Durango, un pueblo del que se sirven muchos de él, especialmente los de fuera pues además de exportar el mineral a otras entidades, también se exportan cerebros y mano de obra a otras latitudes. Fueron otros los que sacaron provecho de este símbolo de la explotación duranguense, como hasta el día de hoy, son fuereños los que vienen a servirse de nuestra tierra, de nuestra gente, de nuestros impuestos, de todo lo que es nuestro.

Este cerro provocó un gran movimiento social, que solamente trajo como consecuencia que los durangueños ya no tengan el ánimo de salir a defender a lo que es suyo, a protestar en contra de las injusticias sociales porque los arrebatos de 1966, solamente beneficiaron a unos cuantos y  estos fueron los hombres del poder y el dinero; la desesperanza se hizo presente cuando ni siquiera una fábrica de clavos se instaló en Durango, jamás llegó la tan prometida industrialización; no llegó nada, solamente políticos nuevos que siguen sangrando al erario hasta nuestros días y ricos que se hicieron más ricos. Se cercenaron las ganas de salir a luchar a las calles para pasar a quejarse en los cafés y en las redes sociales.

No hubo nada, si quiera los cuatro pesos con cincuenta centavos, que se habrían de otorgar a la Universidad por cada tonelada de hierro que se extrajera del Cerro; dicen los que saben que ese dinero sí se entregó pero que jamás llegó a las arcas de la casa de estudios. Al día de hoy, nadie sabe, nadie supo en dónde quedó ese caudal, originando una decepción más sobre los habitantes de este pueblo, pero también reveló lo que es la Universidad, el provecho económico de unos cuantos, dejando de lado la academia, la investigación y la difusión de la cultura por eso es que en la actualidad se pelean por ella al grito de autonomía.

Finalmente nos enteramos de que esta mina se terminó, ya no es costeable su manutención, nuevamente trae angustias para las familias que dependen del arduo trabajo de su explotación pero si es que cierra, ahí quede el Cerro de Mercado como un monumento a tantos sueños rotos de los que aquí nos tocó vivir.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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