Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

El concubinato del PRI y el PAN

El concubinato político entre el PRI y el PAN data desde la elección presidencial de 1988, pues fueron los blanquiazules quienes validaron la caída del sistema así como la quema de las boletas electorales, con lo cual legitimaron el fraude electoral que llevó a Carlos Salinas a la Presidencia de la República.

En 1994 el Jefe Diego hizo una campaña tersa y en el 2000, se le pagó el favor a Vicente Fox su participación en el colegio electoral de la Cámara de Diputados en los comicios del 88 y en el 2006, los gobernadores priistas así como los legisladores del tricolor, operaron y validaron el triunfo apretado de Felipe Calderón Hinojosa.

Ya el periodista Álvaro Delgado, relató en su obra “El Amasiato” cómo en 2012, la cúpula panista operó para entregar a Josefina Vázquez Mota y fortalecer a Enrique Peña Nieto. En este escenario vuelven a aparecer Salinas y Fernández de Cevallos, actores que vienen incidiendo en la política nacional desde inicios de los 80s y la constante de todo esto, es evitar que la izquierda llegue al poder en México pues demostrado quedó que pone en riesgo los intereses de los grandes consorcios como sucedió con Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Lázaro Cárdenas y Luis Echeverría.

Ahora, en 2018, esta unión volverá a funcionar pero será el PAN quien operará a favor del PRI, partido que reformó sus estatutos para postular a uno de los suyos como es el caso de José Antonio Meade.

En 2006 fue clave el apoyo de los gobernadores del PRI a favor de Calderón, recordemos que en Durango, el entonces titular del poder ejecutivo, sacrificó su fórmula de candidatos al Senado así como un distrito, pero fue recompensado en mantener sus dominios a salvo en la entidad.

En esta elección, Meade necesita de los gobernadores panistas que emanaron del PRI, en el caso de Durango, es de todos conocido que tiene estrecha relación con José Aispuro. No sabemos con exactitud si hay acuerdo, pero es por demás sospechoso que Benítez esté tranquilo, al igual que haya sido aprobada por unanimidad la Ley de Asociaciones Público Privadas, que reemplaza el esquema de endeudamiento de los famosos PIPS.

¿Cuál pudiera ser la negociación del ungido priista con los gobernadores panistas? Intercambiar el apoyo para que el PRI gane la Presidencia de la República y conserve la mayoría en el Congreso de la Unión, a cambio de que los mandatarios estatales cuenten con el control de sus estados en la elección concurrente, que en el caso de Durango, representa obtener la mayoría en el Congreso del Estado.

Al gobernador de Durango de nada le sirve tener dos senadores y cuatro diputados federales que se pierden en el universo del sistema bicameral, le urge contar con el control del parlamento local para que sus iniciativas transiten sin tanto desgaste y contar así con la armonía entre los poderes de la entidad. Rosas Aispuro ya cuenta con el Poder Judicial como aliado, ya que lo preside uno de sus incondicionales, solo le falta el Congreso de Durango.

Por eso es que los operadores más inmediatos de Aispuro ya andan en el interior del estado sondeando los perfiles con arraigo regional que le permitan ganar los distritos y hasta el momento, tiene perfilado a su hombre de confianza, Carlos Maturino Manzanera para que se convierta en el próximo presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado.

Como podemos apreciar, la política en México no es de competencias sino de negociaciones, con la finalidad de que las cosas sigan funcionando como hasta ahora, que no es otra cosa más que salvaguardar los intereses de los dueños del dinero.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

Un Comentario en “El concubinato del PRI y el PAN”

  1. Juventino Rodarte Solís.

    Más que el peso de los votos decide el peso de los votantes que son los dueños del dinero.

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