Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

El derecho a no votar

Los ciudadanos tenemos el derecho a no votar, esto es, no emitir el sufragio a favor de aquellos candidatos que no dan resultados, que solo se distinguen por ser buenos candidatos pero pésimos representantes, así como de aquellos políticos que saltan de un cargo a otro y que son popularmente conocidos como “chapulines”.

El derecho a no votar, no significa que nos ausentemos de las urnas a guisa de protesta o desencanto; tampoco representa ir a depositar las boletas en blanco como en la novela de Saramago, pues demostrado quedó que esas conductas favorecen a los partidos políticos para determinar los espacios de representación proporcional y el reparto de prerrogativas.

Por eso, este 1 de julio hay que ir a las casillas y no votar por los mismos de siempre, por aquellos políticos que tienen toda su vida colgados del presupuesto público, cuyos cargos les permiten darse una vida de sibaritas como es vivir en fraccionamientos privados, tener a sus hijos estudiando en las universidades fundadas por el Padre Maciel y vestir ropa de marca.

Tenemos el derecho a no votar por los mismos de siempre, que han hecho lo mismo de siempre: nada. No votar por aquellos políticos que solamente se distinguen por ser buenos candidatos, que les encanta recorrer el territorio, andar en cruceros, subirse a los camiones de ruta, pero como legisladores o gobernantes dan pésimos o nulos resultados.

El derecho a no votar es el insecticida más poderoso para terminar con la plaga de chapulines, quienes se escudan en el derecho humano a ser votado; pues no votando por ellos se les castiga su falta de palabra con el ciudadano de terminar el mandato por el que se les dio la confianza.

Y es que los integrantes de esta plaga, se sienten infalibles porque la Suprema Corte declaró como inconstitucionales las leyes que les impiden saltar de un puesto a otro porque se vulnera el derecho fundamental a ser votado; pero no votando por ellos se les castiga y se termina con ellos.

Todos podemos ejercer el derecho a no votar por quienes representan un lastre de la política y sí votar por las nuevas caras, por elementos emanados de la sociedad civil independientemente de los partidos; ejerciendo el derecho a no votar, se oxigenará la clase política y se refrescará con nuevos elementos, no con los mismos de siempre que trabajan solamente por sus proyectos personales.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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