Escrito por Hermann Linden

Licenciado en ciencias de la Comunicación, con especialidad en medios masivos. Analista y comentarista político.

El desencanto con la democracia

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El malestar con la democracia es algo que caracteriza los tiempos actuales. Norberto Bobbio anticipaba que las promesas incumplidas contribuyen al desprecio de la ciudadanía por los sistemas democráticos así como los problemas de corrupción e impunidad que flotan en el medio ambiente de la democracia.

Me llaman poderosamente la atención los resultados de Latinobarómetro. De acuerdo con la edición de 2016, la satisfacción promedio del Continente Americano con la democracia ha caído al 54%.

En México, la satisfacción por la democracia y la confianza interpersonal es de un 48%; esto se traduce a que en nuestro país una de cada tres personas en México piensa que no se puede confiar en la gente fuera de su familia; desconfianza que alcanza a vecinos, amistades, compañeros de escuela, autoridades y por supuesto a partidos políticos, candidatos e instituciones.

Esto lo comprobé cuando fui a cortarme el cabello con un peluquero que está en la esquina de Independencia y Gabino Barreda, los clientes se quejaban de la inseguridad; el maestro de la tijera proponía que se necesitaba un policía por habitante para que nos cuidara y de pronto surgió una vocecilla que espetó: “y después quién nos cuidará del policía”.

Luego de esta anécdota pícara pero reveladora, me traslado a lo datos duros del Informe País, en donde el 72% de las personas consideran que no se puede confiar en la mayoría de la gente fuera del círculo familiar, y solo para el 17% se puede confiar en en los diputados y para el 19% en los partidos políticos e instituciones.

El 66% de los mexicanos consideran que la ley se respeta poco o nada y que para el 46% de la sociedad mexicana tener un gobierno no democrático sería un aspecto irrelevante si ese gobierno no democrático resuelve sus problemas. Qué complejo caray.

Pero hay una solución y esa es la participación ciudadana, empezando desde una participación colegiada por la sociedad civil organizada; ya no es suficiente exigir cuentas y transparencia a nuestros representantes populares sino instaurar una Auditoría Fiscalizadora de Compromisos Electorales que exhiba y castigue a los gobernantes que no cumplen sus promesas de campaña, que se les lleve a juicio político para que no tengan la desfachatez de volver a pedir el voto por su improductividad demostrada.

Claro que podemos recobrar el encanto de la democracia al fomentar las iniciativas ciudadanas para que a los legisladores se les pague con base a su productividad en comisiones, asistencias al pleno de sesiones y no solo por acudir a fingir demencia. Sí podemos, hagámoslo.

Escrito por Hermann Linden

Licenciado en ciencias de la Comunicación, con especialidad en medios masivos. Analista y comentarista político.

2 Comentarios en “El desencanto con la democracia”

  1. Juventino Rodarte Solís.

    Excelente. Solo le sugiero que corrija el verbo “confinar” por el de confiar que es el correcto de acuerdo a la línea discursiva del párrafo y del artículo

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