Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.-                                                          Propuesta del alcalde


              El alcalde hizo una propuesta: erigir una estatua en homenaje a Francisco de Ibarra reconocido como el fundador de la ciudad capital.

              Por supuesto, sin llegar a la magnitud de las discusiones bizantinas que se dieron en la Edad Media y que no conducían a nada (por ejemplo: el sexo de los ángeles, el número de ángeles que podrían caber en la cabeza de un alfiler), la propuesta del alcalde ha generado una discusión con visos de ser de carácter bizantino porque no llegará a ningún lado la confronta de los puntos de visto materia de la discusión. Por supuesto, sin pasar por alto el justo medio aristotélico, las posturas francamente extremosas y alguna de ellas compensatoria.

              Desde la perspectiva de los autores disidentes o coincidentes en sus diferentes grados y matices, cada uno de ellos podría tener razón y seguramente habrá muchos que estén de acuerdo con cada una de las vertidas.

              En el trasfondo está la identidad de lo que somos y de dónde provenimos.

              Por los pronto, el poeta José Enrique Torres Cabral, a través de Haikús, vía Facebook y con pleno conocimiento del encuentro y de los resultados entre dos civilizaciones diferentes, ha tratado de discernir la confrontación entre unos y otros. Obviamente, solo convencerá a los ya convencidos y que sean partidarios de su concepción.

              Los personajes del medio cultural de Durango, inmersos en su disidencia o bien en su coincidencia, se considera que tienen los conocimientos y el juicio requeridos para verter su opinión, y más aquéllos cuya formación y profesión es la de ser y ejercer como historiadores.

              Sin el deseo de entrar en el plano de la discusión “bizantina” surgida, me vienen a la memoria dos libros recientemente leídos que se complementan por ser ambos del mismo autor, quien no es otro más que el historiador Christian Duverger que se ha dedicado para escudriñar en la vida del descubridor del Nuevo Continente conocido como América.

              Los libros aludidos son El diario de a bordo que afirma fue escrito por Cristóbal Colón y la novela El ancla de arena, que es una novela actualizada en el presente siglo pero que tiene como sustento a la figura mítica del navegante, así como sus andanzas previas a su descubrimiento y la suerte que corrió después del mismo.

              En ambos libros resalta la ambición y la codicia para hacerse de riquezas tanto Colón como sus acompañantes en las tres carabelas, a costa y en perjuicio de los naturales (así fueron llamados) que habitaban las tierras descubiertas, para lo cual sustentaban sus pretensiones en el derecho de todo conquistador, que en el caso en su momento fueron los descubridores, y más porque tenían la encomienda de los reyes católicos de realizar acciones para agrandar las dimensiones de sus reinos, y para lo cual en su momento obtuvieron la venia del Papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) quien dividió las tierras descubiertas entre los españoles y portugueses.

              Otros autores han narrado todo lo que hicieron los conquistadores para alcanzar sus deseos de riqueza, aderezado casi siempre por la encomienda de convertir al catolicismo a los nativos conquistados por el poder de espada y de la cruz. Más por la primera que por la segunda.

              A estas alturas la edificación, construcción, erección y ubicación de la estatua o las estatuas de los descubridores/conquistadores/colonizadores, en especial la propuesta por el alcalde, no merecen mayor tiempo y atención para definir y decidir si se erige o no una estatua al conquistador/fundador de la ciudad capital, ya que en ésta existen un gran número de estatuas merecidas o no cuya erección poco o nada se ha discutido y se pueden ver en diversos rumbos, calles, avenidas y colonias de la ciudad. Al final, si el alcalde continúa firme con su propuesta, no tardaremos mucho en ver la estatua ya en pie y en saber la ubicación de la misma, así como la dimensión de la misma y de su entorno.

              Los personajes representados de esas estatuas de pie, ecuestres o bien solo de bustos tendrán pocos o muchos méritos para ser representados en metal o en cantera, pero al fin de cuentas allí están. A algunos anualmente se les recuerda con mayor o menor resonancia. Otros únicamente reciben un silencio que con suerte es más sonoro que las fanfarrias de los otros.

              Solo se debe tomar nota cómo en otros países y latitudes se han derrumbado estatuas erigidas por los gobernantes en turno; mientras que en 1992, con motivo de celebrarse cinco siglos del descubrimiento de América, se generó en el continente, especialmente en Latino América, una tendencia para derribar las estatuas de Colón y ya no rendir homenaje alguno por su hazaña de descubrir al Nuevo Continente que dio origen a la conquista de los nativos y para que los conquistadores se apropiaran de las tierras y de las riquezas de aquéllos.

7 de julio de 2017.

         

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.