Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.-Domingo siete

         Lo que bien se aprende no se olvida. La jerarquía se impone. Arriba se decide y los de abajo acatan sea cual fuere su posición.
         Ayer fue domingo seis, pero bien se puede decir que fue un domingo siete  para el priismo local y la sociedad civil que está al tanto de lo que hacen y dejan de hacer los partidos políticos, y tras las múltiples demandas y los barruntos y conatos de rebelión, para que  la decisión acerca de quiénes serían los dirigentes estatales del PRI, sería tomada localmente y de acuerdo a la promesa reiterada por el dirigente nacional del mismo en el sentido de que sería consulta a la base, postura a la que se sumaban al principio todos los aspirantes, pero ante el cansancio y la larga espera, al final dijeron  que aceptarían la decisión cupular que es la que ya se dio  y se concretará en los días por venir.
         La cronología de los tiempos preludio del domingo siete fueron los siguientes.
         El 5 de junio de 2016, el PRI perdió las elecciones estatales para gobernador.    El gobernador que se iba pretendió promover el cambio de la dirigencia estatal y dejar al frente de la misma a fieles personeros para así continuar con el ejercicio del poder tras bambalinas.
         Hacia el interior, la militancia liderada por cuadros de prestigio se opuso a que ello ocurriere.
         El dirigente estatal en funciones que desempeñaba el cargo en sustitución del elegido por cuatro años, el 16 de agosto dejó la presidencia para iniciar los trabajos de la coordinación de los legisladores priistas en el Congreso estatal.    
         El 1 de septiembre del año pasado, por el principio de prelación, la secretaria general y el secretario de organización integraron la fórmula del uno dos y se complementó con un nuevo secretario de organización identificado con el gobernador que se iba.
         El 15 de septiembre también de 2016, al darse el cambio de poderes, el gobernador que terminó recibió el repudio de los asistentes y se percató que su presencia y su influencia en la toma de decisiones partidarias ya habían terminado y que, por tanto, su futuro político local era incierto se concretó a hacer mutis.
         Para concretar el ofrecimiento del dirigente nacional en el sentido de hacer una amplia consulta para renovar a los dirigentes que presidían al partido local en forma provisional, llegó a Durango y en poco tiempo se fue porque no pudo evadir la correlación de fuerzas que pretendían imponer a sus candidatos, con o sin argumentos, con o sin fuerza suficiente para hacerlo.
         Derrota el delegado en sus intentos de salvar las diferencias, abandonó el cargo derrotado y dejó a los pretensos en el limbo.
         Ante la pluralidad de aspirantes y la pugna de aquéllos que se decían tenían el privilegio de decidir por las bases, así como que nadie por sí y para sí y los demás abandonaba sus pretensiones, el CEN del PRI simplemente dejó correr los tiempos.
         No faltó o faltaron algunos que pretendieron imponer a alguno de sus fieles, los candidatos se cansaron y al final, en los hechos y en las palabras, fieles a la disciplina partidaria en la que se formaron, manifestaron sotto voce o en voces estentóreas, que le dejaban la decisión al dirigente nacional, quien, al final, con la información a su alcance y con las observaciones de personajes políticos cercanos a él, por fin decidió que se diera la elección de dirigentes estatales por el método de asamblea estatal de consejeros políticos, para lo cual se salvaron las disposiciones estatutarias que en un tiempo se dijo que impedían que se renovara en automático la dirigencia sin previamente se hicieran cambios en las estructura territorial y sectorial del Partido.
         Sin disidencia alguna, ni de palabra ni de votos, por unanimidad ayer seis de agosto de 2017, la Comisión Política Permanente estatal del PRI, en su tiempo conformada por el gobernador que se fue y por tanto fiel a éste, tomó la decisión apuntada que se transmitió a la dirigencia nacional para que la misma se avalara y se lanzara, en los tiempos convenientes a los fines del PRI tanto locales como nacionales, la convocatoria para que la asamblea acordada tuviere lugar y se eligieren al presidente(a) y al secretario(a) para los próximos cuatro años, el primero de ellos con la fuerza partidaria para, en caso de permanecer, construir el camino hacia la recuperación del poder en 2022 y que bien podría ser el beneficiario del andamiaje construido el presidente mismo él mismo.
         Luego pues, después de tanta algazara, discusiones y posturas contrarias, sazonadas por disidencias y coincidencias, ayer domingo seis de agosto, el partido de origen revolucionario otra vez salió con su domingo siete de las imposiciones cupulares de siempre, aderezadas como ha sido y es usual, por la unanimidad.
 

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.