Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.-Durango a la vanguardia


            Hace ya muchos ayeres el Partido Revolucionario Institucional dejó de ser Revolucionario.
            La prueba de ello, reiterada en forma constante, fue cuando candidatos y dirigentes del Partido llegaron como tales sin realmente haber militado en el mismo y mucho menos identificarse con sus orígenes y sus principios.
            Los casos se multiplicaron de tal manera y a tal grado que, a veces en forma paulatina y a veces como hongos, se postularon candidatos y se eligieron dirigentes sin identificación o militancia partidaria previa, sino que, en muchos casos y con tendencia al alza, los postulados y los elegidos estaban más cerca del partido históricamente definido como de derecha.
            Tales casos y circunstancias se acentuaron y destacaran a raíz del gran acuerdo a que llegaron el presidente que apareció como electo en 1988 y los dirigentes del partido de la derecha y que se tradujo en reformas sustanciales a la Constitución que satisficieron a plenitud las convicciones de dicho partido bajo la consigna pronunciada por un distinguido miembro de ese partido en el sentido que a su partido le interesaban más los principios que las matemáticas.
            Como medio de contrarrestar tal tendencia creciente, a mediados de los noventa se introdujeron candados para que solo fueren postulados candidatos y electos dirigentes con militancia definida más o menos larga y con identificación total a los principios del otrora partido revolucionario.
            Ya en el siglo XXI, cuando en Durango surge la modalidad vuelto estribillo de la primera vez, se eligieron dirigentes y se postularon candidatos identificados totalmente con el partido de la derecha, a quienes no se les pidió ni demostraron militancia temporal requerida y con pronunciamientos endebles y notoriamente falsos de su identificación partidaria.
            Los dirigentes y candidatos lo mismo se dieron a nivel municipal en el primer caso que dentro del contexto de las candidaturas a presidentes municipales, a síndicos, a regidores, a diputados e inclusive para gobernador del Estado.
            Cuando ello sucedió nadie dijo nada; ningún militante de cepa se pronunció en contra; por el contrario, simplemente se sumaron a los dirigentes y a los candidatos con tales características.
            En el contexto nacional, desde el último cuarto del siglo pasado, no se diga en lo que va del presente, se multiplicaron los dirigentes y los candidatos externos identificados más con el partido de la derecha que con el viejo partido revolucionario.
Luego pues, ante la crisis creciente e los partidos políticos, y no se diga del partido en el poder, todos los partidos y más el último aludido, miraron hacia la sociedad civil o a un universo de prospectos sin militancia definida con el objetivo principal de ser aceptados por los ciudadanos sin partido, cansados ya sus integrantes de sentirse frustrados o engañados por el ejercicio del poder a cargo de gobernantes de todos los partidos, y en especial del partido mayoritario.
En consecuencia, ante el árido panorama de la militancia tanto en el número como en su adhesión a principios desconocidos o no comprendidos, al partido en el poder le urgía cambiar sus estatutos con la finalidad de regular la realidad política, para así poder postular candidatos sin militancia pero que pudieran simpatizar con los principios y programa de acción del mismo.
Y aun cuando se llegó a avizorar que se complicaría el cambio estatutario requerido para tal efecto, concesiones de por medio a la rancia militancia de priistas de siempre, la XXII asamblea del Partido Revolucionario Institucional aprobó por unanimidad el cambio estatutario para que un simpatizante del mismo y sin militancia pudiere ser candidato a la presidencia de la República.
Si bien es cierto que se pudiera considerar que beneficiará a muchos a diversos niveles, la reforma se hizo “ad hominem”, en beneficio de un secretario de estado que lo mismo lo fue en una administración del Partido Acción Nacional que del Partido Revolucionario Institucional.
Si su postulación se diere, militantes de ambos partidos votarían por él sin reserva alguna y estaría así dicho candidato muy bien situado para vencer tanto al candidato de la izquierda ya conocido como al candidato o candidata del Partido calificado como de derecha.
No pasará mucho tiempo en saber si se aplicó o no la reforma estatutaria para postular candidato a presidencia de la República con la cobertura y preferencia de militantes del PRI y del PAN.
14 de agosto de 2018.
 

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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