Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.- Frustraciones procesales

Al margen de las preferencias electorales, se perciben diversas frustraciones relacionadas con el proceso electoral 2018. He aquí algunas de ellas.

El candidato de MORENA, de  origen identificado con la izquierda, su ideología se disipó durante el mismo, desde el momento de su alianza de su partido con el Partido Encuentro Social, lo cual se acentuó con la incorporación de personajes de conocidos  de antecedentes ultraderechistas.

El cambio ideológico de piel del candidato no permite establecer, en el caso de ganar tal y como todos los pronósticos lo indican, cuáles serán los objetivos ideológicos de su gobierno, y menos el comportamiento hacia los que dejarán deudas pendientes con su actuación en el ejercicio del poder en los linderos de lo no ético, de  lo ilegal, o bien dentro de los respectivos campos de acción antiéticos e ilícitos.

Tal vez, el ejercicio del poder lo matice con el lema de la década de los sesenta y que correspondió a toda una generación: “amor y paz”. Éste no satisfará las aspiraciones de cambio de los electores que lo llevarían al poder.

Tampoco se sabe cómo salvará las contradicciones que ha tenido con parte de la élite económica del país, y menos cómo hará a un lado a la mafia del poder identificada por él mismo por todos aquéllos que han hecho negocios al amparo del poder y en circunstancias muy ventajosas para ellos.

La alianza entre la derecha tradicional representada por el Partido Acción Nacional con la otrora izquierda conformada a partir de 1989 en el Partido de la Revolución Democrática, no satisfizo a los militantes tradicionales y con plena convicción de uno y del otro, de tal manera que no se tiene claro de cómo gobernaría su candidato si ganare la elección y más si se toma en consideración que se apropió de la candidatura desde el sitial de dirigente nacional del primer partido citado, y que al hacerlo, tendría que agregar al Partido Movimiento Ciudadano cuyo constructor lo fue un notorio priista que desempeñó el cargo de Secretario de Organización de dicho Partido durante la campaña presidencial de 1994 y que antes había sido gobernador sustituto de Veracruz. En el remoto o no remoto caso de ganar, tendría la presencia e influencia de dos secretarios muy influyentes que fueron del presidente de México 2000-2006.

La alianza anterior provocó división interna hacia el interior del PAN y del PRD, con consecuencia de que militantes del primero apoyan a la candidata independiente ex primera dama del país, mientras que militantes del segundo se sumaron a la campaña de la coalición Juntos Haremos Historia que postuló como candidato presidencial a quien, en un tiempo, había sido dirigente nacional de su partido.

Por lo que respecta al candidato de la coalición Todos por México, presidida por el partido del oficialismo, generó frustración entre las filas de la mermada militancia de este partido, en atención a que aquél se declaró solo simpatizante del mismo, y en los tiempos de pre campaña, de inter campaña y de campaña, a la fecha todavía no logra que la rancia militancia de dicho partido, que constituye el voto duro del mismo  lo “haga suyo”, tal y como lo pidió al visitar a la cúpula de la central obrera cetemista y que fue el primer acto de la pre campaña para obtener la candidatura.

Frustración no menor que las anteriores y tal vez superior a las mismas, lo constituyó cómo obtuvieron la candidatura presidencial en su calidad de “independientes”, y más bien candidatos sin partido como establecieron los entendidos, ya que ante las lagunas de la ley, obtuvieron su registro no obstante las anomalías graves que fueron detectadas por el Instituto Nacional Electoral  al revisar las firmas de apoyo obtenidas dentro de los tiempos establecidos,  y más en  el caso de uno de ellos que fue beneficiado por la decisión del órgano jurisdiccional que estableció que había sido violada en su perjuicio la garantía de audiencia (Pedro Salazar Ugarte, director del Instituto de Investigación Jurídicas ha opinado que el garantismo de referencia solo era aplicado al derecho procesal penal y no a la materia procesal electoral), y en lugar de ordenar la reposición del procedimiento, basada en una argumentación no convincente, estableció que le favorecía la prueba de la presunción humana consistente en que, dada la tendencia observada, la revisión de las firmas de apoyo restantes, permitirían que tal aspirante lograra el mínimo de apoyos ciudadanos requeridos para ser candidato presidencial.

Se podrían traer a colación otras frustraciones. Las anteriores se consideran suficientes en virtud de su relevancia, lo cual conduce a sostener las frustraciones procesales electorales que matizan el proceso electoral 2018.

En el fondo, con suerte también podrían aflorar las frustraciones para los electores ya que ninguno establece con claridad, contundencia y convicción cuáles serán sus planes y programas de gobierno.

Para ganar o perder la elección, uno se lo deja a su carisma y al hartazgo social; el otro se ofrece como relevo del anterior (en el supuesto de que el primero fuere rechazado)  ante la demanda creciente e imparable hasta ahora hacia el cambio ansiado por la mayoría ciudadana, mientras que el candidato del oficialismo solo ofrece continuidad de las acciones del gobierno que termina y mayor profundización en las mismas.

La frustración mayor sería si la elección fuere decidida más por la persona que por la oferta convincente y viable de un futuro mejor garantizado con su elección.

14 de mayo de 2018.

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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