Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.- La oposición dividida

Por Juventino Rodarte Solís

La unidad se contrapone a la división y viceversa.

Bajo tal premisa se puede establecer que, al contrario de la unidad, la oposición siempre será vencida, lo cual tiene visos de darse en las elecciones presidenciales de 2018.

En el entendido que la contienda por la presidencia se dará solo entre tres fuerzas políticas: la que detenta el poder; el frente integrado por corrientes de izquierda, del centro y de derecha; y por la que representa la izquierda.

La fuerza que gobierna y que aspira a conservar el poder no presenta fisura alguna en su conformación, y todo indica que tampoco se dará al definirse el candidato presidencial que, como ha sido usual en los tiempos históricos de su dominio, estará a cargo del presidente de la República.

Hacia el interior del frente conformado en la forma arriba señalada, se adelanta que se darán desprendimientos de grupos identificados como de izquierda, los cuales, fieles a su origen y tendencia tradicional, apoyarán al candidato de la izquierda; desprendimientos con tintes de división que se darán en forma más marcada al definirse el candidato o la candidata que sea postulado(a), y más si la postulación no recae en la esposa del ex presidente de la República (2006-2012), pues en tal caso, votos en principio fieles al partido de ésta para así evitar el triunfo del candidato de la izquierda.

Por lo que se refiere a la fuerza de la izquierda,  la cual ya hace tiempo definió quién sería y será su candidato, su fuerza electoral de suyo relevante, se podría verse mermada en razón a que el partido de la izquierda existente a partir de 1989 (el Partido de la Revolución Democrática),   decidió (por lo menos su cúpula dirigente)  integrarse a un frente, el cual, más que pretender vencer a la fuerza que está en el poder, aspiraría a impedir que venciera en la contienda el candidato de la izquierda, tal y como sucedió, en forma por demás manifiesta en la elección presidencial de 2006.

Además de las fuerzas electorales así conformadas, ante el rechazo creciente de los partidos políticos que las integran, se tiene la certeza de que en la boleta electoral aparecerá más de un candidato presidencial independiente, los cuales, obviamente manifestarán que pretenden vencer y que vencerán con la fuerza, el apoyo y el impulso de la sociedad civil, no solo a la fuerza política que detenta el poder, sino especialmente al candidato de la izquierda, tal y como ya lo adelantó y  declaró, sin ambages, un aspirante a ser candidato independiente quien afirmó que el candidato de la izquierda era el adversario a vencer, más que el candidato del partido en el poder o el candidato(a) emergente del frente.

Divididas pues las fuerzas electorales en tercias partes, cualquiera pudiera ganar con poco margen, el cual podría ser afectado por las candidaturas independientes en razón a que los votos captados se tomarían de los ciudadanos presa del hartazgo dominante hacia los partidos políticos y que, en un momento dado, con la finalidad de que el partido en el poder no lo conserve, podrían (ante la ausencia de otra u otras opciones) inclinarse a favor del candidato de la izquierda, lo cual no harían ni harán ante la presencia y competencia de candidatos independientes, los cuales, podrían captar el número de votos suficientes para que, como se ha dicho, constituyan el fiel de la balanza para que el partido hegemónico conserve el poder a pesar de los aspectos negativos que tiene en su haber y que se han dado y acumulado en la actual gestión presidencial.

En el imaginario político se debe tener presente las hipótesis con tintes veraces contenidas en el libro  el Amasiato de Álvaro Delgado, en el cual  se establece que el entonces gobernador del Estado de México intervino para aportar al candidato del Partido Acción Nacional alrededor de doscientos mil votos, quien, ya como presidente, contribuyó a evitar que ganara el candidato de la izquierda, inclusive a costa de  que la candidata de su partido y el partido mismo fuera relegado a la tercera fuerza.

Si se llegare a dar la salida del PAN de la esposa del ex presidente y su postulación como candidata independiente a la presidencia de la República, significaría un severo golpe a las aspiraciones del candidato de la izquierda, ya que ello acentuaría la división de la oposición, y ésta, dividida siempre será vencida, y más si en el caso planteado, buena parte de los votos ciudadanos con la candidatura de aquélla, se reitera, se canalizarían a favor del candidato del partido en el poder para así evitar que ganare el candidato de la izquierda.

6 de octubre de 2017.

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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