Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.- Mala fortuna

Sin adentrarse a la fortuna a la cual se refirió en su momento Maquiavelo, a Esteban Alejandro Villarreal lo persigue la mala fortuna.

Con el halo de vencedor, en 2004 y desde el sitial de presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, se incorporó a la política partidista

Pronto se le vio como dirigente estatal del Sector Popular de Durango, posición desde la cual se enfrentó (seguramente por alguna sugerencia superior) al gremio de transportistas de materiales de la CTM del cual resultó más ganador que perdedor, pero de la confronta algún resabio dejó en el seno  de la, en otro tiempo poderosa central.

El ascenso en la política se manifestó con la postulación como candidato a diputado local en 2007 por el primer distrito electoral con cabecera en esta ciudad y con relativa facilidad suya fue la victoria.

La mala fortuna lo estigmatizó, cuando, sin mayores explicaciones, se separó del cargo para que así el suplente, el hijo del sempiterno líder social, lo sustituyera como legislador.

A manera de consolación, en 2009 fue designado presidente del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y como tal, en una primera encomienda, rindió buenas cuentas pues dicho Partido obtuvo el triunfo en los cuatro distritos electorales federales en ese mismo año.

Dentro de la línea de premiación, continúo al frente del PRI para las elecciones locales del año siguiente.

No todo fue miel sobre hojuelas. En un resultado fuertemente impugnado que al final fue validado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el PRI conservó la gubernatura del Estado, pero perdió tres distritos especiales, dos de ellos con cabecera en la ciudad Capital, y además, en dos de ellos los candidatos derrotados fueron  los hijos de dos exgobernadores.

Los resultados señalados, sobre todo  en lo que se refiere a la gubernatura, obligaban a que se renovara la dirigencia estatal del PRI. No se hizo. Conservó el cargo por decisión del gobernador triunfante con el cual se vinculó más de lo que ya estaba de tiempo atrás. Más que buena fue mala para él tal decisión tomada.

A manera de premio, tal vez a guisa de consolación, en 2012, en su calidad de dirigente estatal del PRI, se informó que era el coordinador estatal de la campaña presidencial.

En 2013, cuando ya hacía aguas el barco del gobierno del Estado, fue postulado como candidato a presidir el ayuntamiento de Durango, y lo que parecía buena fortuna, a mediano plazo resultó lo contrario, porque, al tomar posición del cargo, se dijo entre líneas o tras bambalinas, que era el proyecto del gobernador para sucederlo en 2016, ya que, a temprana hora, se empezó a gestar la oposición en esta ciudad y  que al final de cuentas fue la clave para que fuera derrotado en las elecciones estatales de ese año.

Dos argumentos fueron los que, en su momento, se esgrimieron para oponerse a la que se perfiló como promulgación tempranera: uno que se le percibió sin la experiencia para ser, y dos, y tal vez el decisivo,  que era el sucesor del gobernador que quería continuar en el ejercicio del poder a través de él, primero como candidato y luego como gobernador, lo cual se confirmó cuando el eje de su discurso impuesto por éste, fue proclamar a los cuatro vientos, que Durango había crecido preponderantemente en los dos últimos sexenios, con lo cual ofendía a la clase política que se había agrupado, actuado y que permanecía fiel a los tres anteriores gobernadores.

Los más de los analistas  concluyen que perdió la gubernatura debido a sus errores, lo cual hacen al pasar por alto que su campaña y todas las decisiones trascendentes fueron tomadas en el primer círculo de poder del anterior gobernador; y además, no se han adentrado en la comprobación de la hipótesis semi oculta que arroja indicios en el sentido de que, detrás de la derrota, hubo una especie de “concertacesión”  que solo los indiciados sabrían por qué.

La alta votación obtenida en 2016 indicaba que podría ser un buen candidato a senador por su  partido, o en su caso, a una diputación federal, o por lo menos a una local.

No fue ni lo uno ni lo otro, pues si bien es cierto que se le ubicó como candidato a diputado federal por el tercer distrito electoral con  cabecera en Guadalupe victoria, pero que comprende el municipio de Lerdo cuyo listado nominal es cercano al 38% o más, que indica que la votación en ese municipio podría definir la elección distrital.

La mala fortuna que lo persigue lo alcanzó otra vez en virtud del que, se decía y se dice,  que será el candidato suplente en el 14 distrito electoral de Durango, se comenta es rechazado como tal por buena parte de los grupos políticos que existen en los (me parece) 17 municipios que integran el distrito.

Al percibir que no se cambiaría al suplente de aludido, tal y como fue su exigencia, se retiró de la candidatura federal.

El pretexto dado a conocer como premio, fue que sería coordinador regional de la campaña presidencial en los estados de Chihuahua y Durango, y como tal, dependería del coordinador de la circunscripción que, por coincidencia, era el presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI cuando perdió la gubernatura en 2016.

Degradado al encargo como coordinador regional, se refuerza la tesis de que la mala fortuna lo persigue, y de la promesa que aparecía ser, ya no lo es, pues si ahora no obtuvo una postulación a un cargo de elección popular, menos la obtendrá en 2019 o en 2021 o en 2022.

Su mala fortuna terminaría al ganar el PRI la elección presidencial y que fuera incorporado a la administración pública a un cargo acorde a sus antecedentes partidarios, o bien como candidato futuro a un cargo de elección popular. Se desea que ello ocurra desde la perspectiva  que los partidos deben premiar los militantes más que a los simpatizantes.

12 de marzo de 2018

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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