Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.- Oráculo a la mexicana.


              Hacia el interior del oficialismo y sin estar en el organigrama de gobierno, se considera que no existe otro político cuya voz no sea tan escuchada y atendida que Manlio Fabio Beltrones Rivera, quien durante cuatro décadas ha acumulado la experiencia suficiente para visualizar atinadamente el futuro que viene dentro de su Partido, y que se perfiló en el hombre de poder que es en el sexenio de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, a tal grado que se constituyó en el fiel de la balanza que le permitió a aquél no solo asumir el poder sino también el ejercicio del mismo, sin que se desbordaran las pasiones y sin mayores sobresaltos más que los generados por aquél al declarar la guerra al narcotráfico y ordenar que salieran las fuerzas armadas a las calles para combatir a la delincuencia organizada ante el patente fracaso de las policías de los tres niveles de gobierno.

              Lo recordado y resaltado con anterioridad, obedece al contenido de la nota informativa publicada en la revista PROCESO en circulación con fecha 16 de junio del año que corre, cuya esencia la constituye la entrevista en la cual Beltrones Rivera considera que dividido su Partido, el Revolucionario Institucional, perdería la presidencia de la República en 2018.

              Manlio Fabio no le dice, pero entre líneas fácilmente se puede leer que su declaración lleva implícita su auto propuesta en el sentido de que él muy bien podría evitar la división, por supuesto siempre y cuando él fuera el candidato presidencial de su Partido.

              Seguramente, al anunciar el posible futuro negativo de su Partido ante el presagio de división, tomó en consideración la debilidad creciente del jefe nato del Partido a que ambos pertenecen, el presidente de la República, quien a la fecha ha sumado más negativos que positivos en su gestión presidencial, lo cual lo ha situado en una posición sumamente endeble para mantener a Partido cohesionado y lo cual, además, le impide y le impedirá, sin conato de división y sin la concreción de éxodo de militantes de su Partido, inclinar la balanza sucesoria a favor de alguno de los pretensos que aspiran a ser y que por ahora son solo precandidatos.

              La debilidad presidencial resalta aún más porque las figuras políticas con que cuenta para decidir cuál de ellas sería la que tendría la fuerza suficiente para contender y resultar avante en la contienda presidencial, no convencen a plenitud para tener el perfil vencedor que se requiere. La una porque las facultades que se le confirieron al principio del sexenio, traducidas en estrategias precisas, no han permitido generar la seguridad demandada por los ciudadanos desde hace tiempo.

              Otra de ellas porque su presencia y actuación en el ruedo político se dieron con retraso en un área muy sentida, por lo que su gestión aún no se percibe y se siente para conferirle la fuerza tanto de precandidato y menos de candidato. Además, se vería como el delfín del presidente que se va y que se considera que no tiene la fuerza suficiente para nominar al candidato con posibilidades reales de vencer ya que compartiría y se enfrentaría al rechazo ciudadano, que si bien desorganizado por ahora, podría constituir el factor para que se diera la alternancia.

              El tercero de los precandidatos tiene los atributos de haber sido secretario en dos sexenios que lo ubican sin partido, o bien con mayores inclinaciones hacia uno o bien hacia el otro, por lo que no garantizaría la unidad demandada por Manlio y que éste considera indispensable para ganar.

              Un cuarto precandidato podría ser el ex rector de la UNAM y actual secretario de Salud con mucha presencia en la Ciudad de México, lo cual lo calificaría más para ser el candidato a jefe de gobierno de su Partido en la misma que candidato presidencial.

              El oráculo ha hablado. La unidad es requerida para ganar pero, en torno a quién, que, además conlleva el cómo y para qué sería postulado, y si estaría en la disposición de desvincularse del aun jefe nato de su Partido que le permita ubicarse como un candidato diferente tal y como lo proclamó la candidata del Partido Acción Nacional, al parecer con la pretensión de desligarse del entonces presidente de la República lo cual no logró. Por el contrario, se identificó más con él y su gestión gubernamental cuando fue doblegada por aquél para que se pronunciara y anunciara que al entonces presidente, al ganar ella, lo propondría para ser Procurador General de la República.

              Errores de percepción, de proximidad y de pronunciamientos que la llevaron a ella y a su Partido a descender a la tercera posición en la disputa por el poder en 2012.

17 de julio de 2017.

 

 

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

Un Comentario en “El futuro que viene.- Oráculo a la mexicana.”

  1. Lilia Rivera

    ¿Pepe Toño Meade? Al menos se le considera decente y muy inteligente. Ni muy priista ni muy panista.

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