Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.- Pólvora mojada-seca

Dentro de las múltiples incongruencias que contiene la legislación electoral en vigor, especialmente la de carácter reglamentario, ahora se hará referencia a una de ellas.

Resulta que, en lo que se refiere a la elección presidencial,  las precampañas y las campañas tienen una duración de sesenta y noventa días, respectivamente, para arrojar un total de ciento cincuenta días, o sea, se podría decirse de cinco meses, a los cuales se les debe añadir el término relativo a las intercampañas, que en el proceso actual fue fijado  en treinta días por la autoridad electoral, para que así en seis meses tengan lugar las precampañas, las intercampañas y las campañas.

Si bien es cierto que tales actividades electorales se podrían haber efectuado del uno de enero al 27 (o sea tres días antes de la jornada electoral) de junio del año en curso, también lo es que el inicio de tales etapas electorales no es posible sujetarse a términos demasiado rígidos o ceñidos a los mismos, pues ello impediría que los partidos políticos pudieran cumplir con sus disposiciones estatutarias conforme a las cuales deben elegir a sus candidatos, en el caso para  la elección presidencial, lo cual, para el proceso electoral en curso, se tradujo en el bajo perfil de las precampañas de los precandidatos presidenciales durante la segunda quincena del mes de diciembre que abarcó las festividades navideñas y de fin de año; precampañas que es conveniente hacer notar que, más que precampañas, son abiertamente campañas.

Se estima que la autoridad electoral bien pudo haber  manejado los tiempos de tales actividades para que así las precampañas no hubieran coincidido con las festividades señaladas, ya que ello trajo como consecuencia que la pólvora de los precandidatos prácticamente estuvo mojada y no se notó, con la intensidad de la beligerancia apropiada, que aquellas estaban en marcha y que, en teoría y en el marco de la ley, estarían enfocadas para que los precandidatos  convencieran  a los militantes de los partidos coaligados para que los eligieran como candidatos.

Aspectos aparte del señalado, lo son, uno, que dentro de la parquedad de las precampañas, estas tienen más visos de campaña pues las actividades realizadas dentro del marco temporal y conceptual de aquéllas, han tendido y llevado a los precandidatos a pretender convencer a los ciudadanos en general y, por tanto, no militantes de los partidos postulantes,  para ser beneficiarios de su voto el 1  de julio próximo; y el otro que bajo la circunstancia anteriormente señalada, el propósito para reducir los tiempos y los gastos de las campañas fracasó rotundamente, puesto que, al amparo de la ley, con el visto bueno de las autoridades electorales y con la complacencia de los partidos políticos, en el marco de la legislación interpretada a favor de éstos, partidos y candidatos gozan de un tiempo muy largo que, obviamente requiere recursos, para realizar todas las actividades insertas dentro de las precampañas, de las campañas y sutilmente dentro de las intercampañas. Es seguro que  la próxima legislatura, como ya es costumbre, debe corrija todas las deficiencias e incongruencias observadas en la aplicación de la legislación electoral, aun cuando para ello, incurra en nuevas deficiencias e incongruencias que obliguen a nuevas reformas y así hasta, tal vez, el fin de los tiempos.

Lo anteriormente expuesto resalta aún más con el hecho de que las tres coaliciones solo postularon a un precandidato.

Se desea que en el poco tiempo restante, los precandidatos, ya con la pólvora seca, actúen con el rigor competitivo que se requiere para persuadir a los militantes de los partidos que los postularen, y al hacerlo, también incidan sobre el electorado en general con actos de campaña ante la ciencia y paciencia de la actividad electoral.

Por lo pronto, uno de los precandidatos ya dio a conocer quién sería el titular de la Secretaría de Seguridad Pública que reviviría y los asesores o miembros de un consejo consultivo a disposición de aquél, lo cual, obviamente no es un acto de precampaña sino de abierta campaña. Por supuesto, salvo prueba y razonamiento en contrario.

5 de enero de 2018.

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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