Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.- Reacción en cadena

Vía redes sociales, los interesados localmente supieron que la decisión sustentada en “la unidad” real o aparente de los aspirantes y de sus capillas de fieles, había dado margen a que el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) decidiera quién será el próximo dirigente estatal de este Partido.

Del por qué de la decisión a favor del elegido no se sabrá a plenitud y menos por boca del gran elector o del beneficiado, pero sí se está en condiciones de saber quién y qué fueron los factores claves para la resolución tomada, para que  los cuadros de la  estructura territorial, sectorial y de las organizaciones dejaran ya de estar en el limbo.

Como es natural en decisiones de tal naturaleza, habrá conformes e inconformes en diferentes grados y magnitudes.

Sin embargo, ello no importa, pero sí lo es la forma de cómo, cuándo, con quién y para qué el dirigente, una vez dejadas atrás las formalidades estatutarias, inicie la operación política para los tiempos electorales por venir en el futuro inmediato y en el mediato.

Pasada la elección y la toma de posesión del dirigente, habrá de generarse una reacción en cadena con repercusiones en la estructura estatal, en los sectores, en las organizaciones  y en los comités municipales ya que todos ellos también deberán ser objeto de un cambio inmediato, sino de todos, por lo menos los más endebles, pero especialmente aquéllos cuyos dirigentes ya se les terminó el tiempo para el cual fueron electos, y también, obviamente, de los que no han dado muestra alguna de iniciativa y de su voluntad para actuar en un contexto dentro del cual localmente ya no tienen quién piense y tome las decisiones por ellos tal y como era usual en los gobiernos procedentes de la postulación y votación generada dentro de los ámbitos priistas.

Para actuar en consecuencia, el comité directivo estatal resultante y presidido por el elegido, debe evaluar los escenarios territoriales, para así identificar a las fuerzas regionales y municipales y a quienes están detrás de ellas, para, de inmediato, pactar el cómo deberán actuar para los tiempos políticos inmediatos; escenarios que no son otros más que los siguientes: Durango capital, Comarca Lagunera con Gómez Palacio al frente, la región de la quebradas, las zonas de los valles y la región norte del Estado, con especial hincapié en los municipios de Santiago Papasquiaro y Pueblo Nuevo que están ubicados en los lugares cuatro y cinco como los más poblados del Estado y, por ende, con más electores.

El dirigente estatal sabrá cómo hacerlo pues no requiere consejos para proceder en consecuencia. Le basta su experiencia, su formación, su conocimiento de causa y su inteligencia para actuar conforme a como las circunstancias político electorales se lo demanden.

En el contexto de la competencia local, las circunstancias no son tan complicadas.

Su partido gobierna en veinticuatro municipios, venció en nueve distritos electorales y tiene mayoría absoluta en el Congreso del Estado.

Mientras que la competencia en el poder no solo se percibe sino que está dividida internamente tanto en el ejercicio del poder como en sus ambiciones personales para trascender, y  en las inclinaciones y preferencias hacia los aspirantes a ser los candidatos a la presidencia de la República el año que viene.

Luego, tal división convierte al aparato estatal en una muy pesada maquinaria electoral que, para tener mayor movilidad, deben olvidar las diferencias internas y tomar nota de la lucha por el poder que tendrá lugar el año próximo.

Las otras fuerzas políticas, con inclusión de MORENA, la esperanza de México, no cuentan porque no tienen ni militantes, ni estructura ni tendrán la organización requerida para penetrar y obtener la confianza ciudadana traducida en votos.

El dirigente estatal, al igual que los de los catorce estados en los cuales el PRI es gobierno, con el apoyo abierto, encubierto o disfrazado, tendrán todo el respaldo del gobierno federal que detenta para obtener prosélitos, para conservar  militantes y simpatizantes, así como para dividir a la oposición para que dentro de la división que existe y que está muy difícil que se supere, su partido pueda conservar la presidencia de la República, lo cual estaría o sería acorde con el principio: oposición dividida, oposición vencida.

La sombra que estará presente y podría amenazar y hacer fracasar la gestión del dirigente elegido por la cúpula, sería o será si la división hacia el interior de su partido devaste la fortaleza cuantitativa y cualitativa de la cual hace gala, pues entonces sí que podría decirse que habría sido elegido para perder. Del dirigente depende cuál sea el resultado de la encomienda que la cúpula de su Partido le ha otorgado.

18 de agosto de 2017.

 

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.