Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.- Solo es una hipótesis

En política todo es posible.

Además de la división de la división auspiciada por el Partido en el poder cuyos efectos ya se perciben y que afectan principalmente a la fuerza electoral del Frente Ciudadano por México, el factor del  triunfo o de la derrota en la elección presidencial de 2018, podrían obtener, en conjunto, los  resultados de las elecciones para gobernador que también tendrán lugar el 1 de julio del año próximo.

En tal sentido se podrían configurar, procesar y construir  los escenarios siguientes.

En las entidades federativas en las cuales se dará el cambio de poderes,  a partir del hecho de que el partido y el candidato a vencer tanto   para el partido hegemónico en el contexto federal como para el citado Frente, son, respectivamente, el Partido de Regeneración Nacional (MORENA) y su candidato Andrés Manuel López Obrador, y más ante la inminente o ya real caída en las preferencias electorales del Frente  y de sus  posibles candidatos, y aún más ante la fuerza electoral manifestada, en automático, con la sola decisión de postular por parte del partido en el poder al ex Secretario de Hacienda y Crédito Público quien representa y casi monopoliza  los intereses de los factores reales de poder, se considera que entre el partido que gobierna y el Frente o bien  con cada uno de los partidos que conforman a éste, se podrían generar los acuerdos consistentes en que se apoyaría al candidato del partido, frente o coalición mejor posicionado para que ganare la elección de la entidad federativa correspondiente y concertada, y que en la elección presidencial, todos ellos apoyaran al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de alguno o algunos otros partidos aliados a aquél.

Si se dieren los acuerdos, se podría traducir en que, por ejemplo, las gubernaturas fueren ganadas: Yucatán por el PRI y aliados; Tabasco y Morelos por el Frente y/o el Partido de la Revolución Democrática (PRD); en Veracruz, Puebla y Guanajuato por el Frente y/o el Partido Acción Nacional (PAN); en Jalisco por el Frente y/o el Partido Movimiento Ciudadano (MC); y  en Chiapas por el PRI y aliados. Lo anterior en relación a los partidos cuyo gobernante es militante de ellos y que en Jalisco el seguro candidato a gobernador está colocado en una posición que en principio se considera imposible de rebasar.

El caso de la Ciudad de México se cuece aparte puesto  que se estima que la disputa por el poder estaría entre MORENA y el PRD,  y que el PRI, los aliados de éste, el PAN y el MC poco le podrían sumar a este partido en aras de conseguir el triunfo, pero la lucha se haría para evitar que ganare la elección la candidata de MORENA, pero que en el ámbito electoral de referencia, la diferencia de votos no fuere excesiva a favor del MORENA y de su candidato en relación a la captada por el candidato del PRI y de sus aliados.

Concertados así los acuerdos y llevados a los terrenos electorales correspondientes para que los triunfos se den a favor de los partidos y sus candidatos señalados,  se complementarían con el hecho de que todos los partidos enumerados, en los territorios señalados, aportaran los votos necesarios para que éstos, como primeramente se dijo, constituyeren la diferencia entre el triunfo y  la derrota presidencial.

Pero lo anterior, es solo una hipótesis que podría no estar muy alejada de la realidad electoral que viene y que viviremos.

Por supuesto, no se descarta que el partido en el poder o bien MORENA, adquieran tal fuerza electoral que no requieran de alianza alguna para ganar la elección en el primer caso, y en el segundo que MORENA y su candidato fueren invencibles apoyados para ello con la decisión mayoritaria  de los ciudadanos que desean derrotar  al partido en el poder, sin que sea obstáculo para ello el perfil ciudadano (¿) del candidato que será postulado por aquél en su calidad de simpatizante del mismo, y que tampoco  quieren que regrese al ejercicio del mismo el partido que en 2000 y en 2006 fue el partido de la alternancia, puesto que se estima,  que, con Frente o sin Frente, el candidato será un militante del PAN que podría ser uno de los rivales a vencer dentro de la configuración de partidos y candidaturas que se disputarán el poder, ya que en tal contexto, un candidato del PRD no sería el candidato del Frente y sin alianza alguna, de antemano dicho partido y el candidato que postulare,  tendría asegurada la derrota.

Lo planteado no se considera muy remoto, habida cuenta que el Presidente ha dicho que el es operador efectivo para ganar elecciones.

4 de diciembre de 2017.

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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