Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

El futuro que viene.- ¿Una terna de dos?

A propósito de la elección de rector en la Universidad Juárez del Estado de Durango, se trae a colación lo que se dijo  hace mucho tiempo  en el sentido de que alguien preguntó que por qué no se hacía una terna de dos en lugar de una terna de tres.

Sea o no cierta la anécdota de referencia, una vez que quedaron registrados los cuatro aspirantes a la rectoría y que para alcanzar su objetivo ya iniciaron sus respectivas campañas, dentro y fuera de los recintos universitarios, no pocos perciben la no lejana posibilidad de que la contienda sea solamente entre dos de los aspirantes.

Ya fuere que la terna fuere de dos o de tres o de cuatro, se considera que los universitarios tienen la decisión de legitimar la elección y la funcionalidad del próximo rector, después de una larga etapa en la cual la UJED se vio inmersa en varios conflictos derivados de la disputa por la rectoría, que se tradujo en nueve figuras que de 1986 a 2018 estuvieron al frente de la UJED, con inclusión del actual secretario de la misma en funciones de rector,  a los cuales se les podrían sumar otros dos secretarios encargados de la rectoría, como los maestros que desempeñaron el cargo con tal carácter, mientras que el rector se separaba del cargo con la finalidad de buscar la reelección, tal y como sucedió en 1998 y en 2010, los cuales fueron legitimados como rectores de facto al ubicar sus fotografías en la sala de rectores de la Universidad.

La larga etapa de conflictos contrasta con el hecho de que a partir de 1957, el año de la creación de la UJED hasta 1986, únicamente fueron tres los rectores que presidieron la casa de estudios y que los mismos se reeligieron en 1965, en 1971 y en 1980, y de que de los tres, solamente el electo en 1974 terminó sus dos periodos de seis años.

Establecido lo anterior, al analizar la trayectoria de los cuatro aspirantes a la rectoría, se toma nota que solo dos de ellos han sido directores de una Facultad (uno de los dos fue por dos periodos), que dos aspirantes han sido dirigentes sindicales y que dos de ellos solamente han sido maestros (y además uno de ellos) investigador.

En los corrillos universitarios y fuera de los mismos, se escucha, se comenta y se analiza que realmente la disputa por la rectoría se dará entre los dos candidatos que fueron directores, y que, por tanto, más temprano que tarde, los dos restantes podrían renunciar a sus candidaturas para sumarse a uno o a otro de los aspirantes, aun cuando no se descarta que los dos  unirían su fuerza a favor del candidato que se considera, fuera y dentro de la Universidad, que se identifica con los factores externos que concurrieron en los hechos ocurridos a finales de septiembre  y a principios de octubre de 2010, y que se dieron para que no se reeligiera el rector quien se había separado del cargo para tal efecto, lo cual sucedió aun cuando para ello se tuvo que reformar la Ley Orgánica de la Universidad para que el Congreso el Estado tuviera la facultad de elegir al rector; reforma que una semana más tarde quedó sin efecto para que la atribución regresara al Consejo Universitario, y lo cual  provocó que en una semana hubiera dos rectores, para luego dar pasado a la “elección” de otro rector que se separó del cargo el 31 de agosto pasado.

Otro factor que juega es el hecho que uno de los candidatos fue dirigente del sindicato que tiene la titularidad del contrato colectivo de trabajo de los académicos, que competiría con el candidato que fue no solamente impulsor del sindicalismo universitario, sino que fue el segundo dirigente del sindicato que adquirió la titularidad del contrato colectivo y que la perdió como resultado de que, como sindicato, tomara partido a favor de un candidato y en contra de otro, y que al ganar éste, se diera un conflicto por la misma y que finalmente el sindicato original la perdiera.

El candidato aludido estima que con el voto cautivo de los miembros del sindicato del que fue dirigente, serían más que suficientes para ganar la elección, lo cual nadie considera que sea cierto puesto que  los miembros del mismo, en ejercicio de su libertad de asociación y sin perder su pertenencia sindical, pueden y de hecho se han manifestado y se manifestarán a favor de un candidato aun cuando no pertenezca al sindicato al que  éste perteneciere.

Por otra parte, se tiene que tener presente que los maestros universitarios de La Laguna normalmente han votado en bloque o por lo menos con clara tendencia mayoritaria a favor de uno de los candidatos.

Finalmente, se comenta que existe el interés del grupo gobernante que se fue (2010-2016) para que uno de los suyos sea el rector, de lo cual, por razones obvias, tal interés no es compartido por  grupo en el poder presidido por el gobernador del Estado.

Como dice el dicho en la jerga de los palenques: ¡cierren las puertas, hay pelea!

En su oportunidad se verá  si al final la disputa se da o no se da con los candidatos que integren una “terna de dos”, o de tres, “o de cuatro”.

Lo que importa es que la UJED recupere su autonomía perdida en el caso  entendida como la facultad de que sus miembros elijan a su rector,  y que ello se traduzca en la superación de la Institución en todos sus aspectos.

En la imaginaria solo queda el saber la fuerza que obligó al rector “electo” el 14 de diciembre de 2012 a renunciar al cargo el pasado 31 de agosto del presente año.

29 de octubre de 2018.

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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