Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

El proyecto sucesorio de Aispuro

Desde que pereció el presidencialismo en el año 2000, los gobernadores siempre viven pensando en su sucesión, sobretodo en dejar a alguien de su entera confianza para que le cuide sus espaldas y de una manera u otra, seguir ejerciendo control sobre la política de su entidad federativa.

En lo que se refiere a Durango, fue Guerrero Mier el primero que padeció la tentación de maniobrar en su proceso sucesorio, pero las cosas no le salieron como se esperaba.

Ismael Hernández Deras vendió su alma al diablo con tal de dejar a Herrera Caldera en la silla gubernamental y aunque días después de haber abandonado el cargo de gobernador, siguió despachando en Casa de Gobierno, las cosas le cambiaron hasta que se topó con los familiares de su sucesor que no estaban dispuestos a compartir el poder.

Por su parte, Jorge Herrera Caldera, siempre pensó en Esteban Villegas, se habla de que al darse cuenta de que no sabía administrar sus pasiones por el poder, prefirió entregar la gubernatura al PAN, no quería escenificar la tracción de Julio César por Bruto; amén de los compromisos que había entre Peña y Cordero.

Hoy, que el actual gobernante duranguense ha ingresado al tercer año de su administración y no se ve con claridad cuál sea su proyecto sucesorio; es más muchos de sus cercanos se atreven a pensar que ni siquiera lo tiene contemplado. Falta mucho, dirán algunos, pero el tiempo se va volando y más cuando se está en el gobierno.

Sin embargo, a Rosas Aispuro no le quedan muchas opciones para pensar a quién podría compartirle los reflectores y el poder en aras de que lo releve en el puesto.

De quienes se pensaba que eran sus delfines como Maturino o Mijares fracasaron en el intento; uno porque se perderá en el mar del Congreso y el otro porque se asustó en los primeros rounds de la política real. Igualmente Salum fue damnificado por el tsunami guinda.

Solo le queda pensar en Antonio Ochoa o el arquitecto Adrián Alanís, quien tiene el control de la política interna, pero no manos libres y total desplazamiento por el dique que representa Rosario Castro. Además, el secretario de Gobierno solo pudiera ser ya sea candidato independiente a la gubernatura o por una alianza rara entre el PAN, el PRI y el PRD.

Yo diría que el proyecto sucesorio de Aispuro no está en el PAN ni al interior de su equipo, sino fuera de él y pudiera tratarse de Leticia Herrera, puesto que en la víspera del 2016, el actual mandatario siempre decía que si ella era la abanderada del PRI a la gubernatura, él no se postularía.

No obstante las condiciones ya son otras, se espera la reinstauración de una presidencia de corte imperial, fuerte, centralista y quizá en el reacomodo de las piezas en el tablero los gobernadores ya no podrán decir quién los releve en el puesto, tal vez ahora podrán decir quién no debe ocupar su lugar.

Como reza la frase inmortalizada por don Salvador Nava: veremos y diremos.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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