Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

El reencuentro de José Ramón y Pepe

Coincidieron en las exequias del matrimonio poblano acaecido en un accidente aéreo, y luego de los emotivos homenajes póstumos se volvieron a encontrar en el aeropuerto de Toluca, en donde se disponían a abordar las aeronaves particulares que habrían de trasladarlos -a cada quien por su cuenta- a la capital del cuarto estado con mayor extensión territorial del país.

José Ramón tenía una pesadumbre en el cuerpo y en el alma, acababa de darle el último adiós a su tutor político; en su mente le taladraba el estribillo de una de las canciones más famosas de José Alfredo que había escuchado en voz de Álvaro Sanjuan: “la vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba”. Lo que le llevaba a reflexionar que había que vivir feliz, sin odios y sin rencores; si él quería que Durango fuera feliz, él también debería serlo.

En la pequeña sala designada para los usuarios de vuelos privados en Toluca, José Ramón divisó un cuerpo diminuto con una cabellera resplandeciente; su consejero y responsable de agenda, Fabián, le comentó que era mejor retirarse del lugar porque ahí estaba Pepe.

José Ramón hizo oídos sordos a las palabras de Fabián, por primera vez no le haría caso, de manera que se dirigió hasta donde estaba Pepe. Sin decirse nada, se fundieron en un abrazo que hasta el mismo cielo se estremeció.

José Ramón y Pepe se apartaron de la concurrencia de la sala VIP, buscaron una mesa para platicar con un café al canto. Con gran entusiasmo iniciaron una larga charla, cuentan sus íntimos que José Ramón le ofreció disculpas por los exabruptos y ataques que profirió en su contra semanas atrás.

Pepe, que siempre se ha destacado por no ser rencoroso, quizá por perdonar pero no olvidar del todo, lo felicitó por su actitud de nobleza; le dijo que además de defraudar la confianza de la ciudadanía que los llevó al poder, los empresarios chinos que estaban interesados en invertir en la ciudad se estaban desanimando por la inestabilidad política que se había generado en las últimas semanas.

La plática fue interrumpida porque se acercaron Ángel Fernando y Fabián, para avisarles a sus jefes que las aeronaves se disponían a despegar, solo quedó tiempo para darse otro abrazo y que José Ramón le dijera rápidamente a Pepe, que pese a ser un profesional de la salud de los ojos, apenas se había dado cuenta de que el odio también es cegador, pero que el perdón recobra la visión.

José Ramón y Pepe se estrecharon la mano, solamente se escuchó a lo lejos que ambos se desearon un feliz día de los inocentes.

Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

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