Escrito por Lecturas Politicas

Entre verdades y mentiras.

La línea del tiempo.-  
El pasado sábado 5 de septiembre asistí a una conferencia impartida por Manuel Espino Barrientos, diputado federal por el Partido Movimiento Ciudadano, en la cual, en pleno ejercicio de sus derechos, hizo un análisis del pasado, del presente y del futuro políticos, dentro de un contexto o proyecto muy personal de él con miras a las elecciones que vienen en forma inmediata y mediata (2016-2018).
Al final de su exposición, se le hicieron varias preguntas de cuyo contenido se desprendían discrepancias con las opiniones vertidas por él, y en algunas de ellas, totalmente puntos de vista disidentes a su exposición, a tal grado que algunos de los presentes coincidieron en que no salió bien librado, principalmente por los cuestionamientos hechos por el político Luis Enrique Benítez Ojeda y el periodista Dionel Sena.
En su exposición muy amplia, realizada en forma por demás extensa, pero sintetizada y muy bien desarrollada, expresó, desde una perspectiva, (obviamente subjetiva pero sostenida en hechos concretos), opiniones muy personales del tránsito político del país de 1929 hasta el presente. 
En un porcentaje próximo al cien por ciento, se considera, en principio cuestionables y rebatibles las opiniones vertidas mediante una exposición ágil sustentada en la información política adquirida en su formación, en el ejercicio del poder y como dirigente de un partido político. Ello obviamente como consecuencia de la formación e información ideológica y política (valga la redundancia) de la mayoría de los asistentes.
En la memoria colectiva e individual de los presentes quedaron almacenadas preguntas relativas a la no coincidencia con lo expuesto por diputado Espino Barrientos y que no se le hicieron.
Una de las opiniones del diputado expositor que recalcó con especial énfasis, fue la relativa a la generalización hecha en el sentido que desde las elecciones presidenciales de 1929 a las de 1994, el partido en el poder había obtenido el triunfo por la vía del fraude electoral.
En los casos de las elecciones de 1976 no dijo ni nadie le preguntó en que consistió o como se realizó el fraude electoral para que triunfara José López Portillo quien fue el único candidato presidencial legalmente registrado para contender en el proceso electoral de ese año.
 ¿Acaso el fraude fue gestado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) con la complicidad del Partido Acción Nacional (PAN), el cual, por diferencias internas, no registró a Pablo Emilio Madero quien se había demostrado disponible para ser el candidato presidencial de dicho Partido?
Tampoco dijo ni nadie le preguntó las características del fraude que, de acuerdo a su criterio, habría permitido el triunfo del candidato presidencial del PRI sobre los del PAN y del Partido de la Revolución Democrática en 1994.
¿Acaso el PAN y su candidato Diego Fernández de Ceballos tuvieron alguna participación para que el fraude tuviera lugar y así obtuviera el triunfo el candidato del PRI, en relación a lo cual es necesario recordar que aquél venció en el debate, con lo cual se colocó en un lugar adecuado en las preferencias electorales para encaminarse hacia el triunfo en las elecciones presidenciales, a pesar de lo cual bajó el ritmo de la campaña con argumentos no convincentes y mucho menos probados?
Otra afirmación cuestionable del diputado Espino fue la relativa en que durante los sexenios panistas (obviamente principalmente el presidido por Vicente Fox del cual fue muy cercano colaborador), las instituciones públicas no habían tenido injerencia política, de lo cual se desprende que ya se le olvidó que desde la Presidencia de la República Vicente Fox pretendió descarrilar, vía desafuero, a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador y que solo quedó en una mera tentativa ante la movilización popular en apoyo de éste que obligó a aquél a desistirse de su pretensión.
O bien, ya se le olvidó la declaración pública de Vicente Fox hecha en el sentido que había contribuido a la derrota de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones de 2006.
Así se podría cuestionar a Manuel Espino en torno a muchas afirmaciones hechas en la conferencia impartida, y con suerte habría sabido salir avante, puesto que, además de la información privilegiada que posee adquirida en su trayectoria política y en su cercanía con el ejercicio del poder, él tenía el poder del micrófono.
Al final, los asistentes se quedaron con la impresión, derivada fundamentalmente de las preguntas hechas, primero por el periodista Dionel Sena y después por el político Benítez Ojeda, que la esencia de su proyecto expuesto, más que de contenido social, era un proyecto muy personal que podría incidir en las posibilidades políticas de destinatarios fácilmente identificables.
Si es equivocada la percepción, la misma se sostiene, al igual que lo expuesto por él, en el derecho a la libertad de expresión contenido en la Constitución Mexicana y tutelado en el marco jurídico mexicano. 

6 de septiembre de 2015.

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