Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

EPN ejecutó el modelo “Herrera Caldera”

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El señor presidente de la República echó mano del modelo “Herrera Caldera” para preparar su sucesión.  Quizá se preguntará estimado lector, ¿en qué consiste este modelo? Veamos:

A finales del 2006, Ismael Hernández Deras, siempre tan previsor, comenzó a preparar su sucesión para la gubernatura. Echó un vistazo a su baraja de posibilidades conformada por sus amigos que lo venían acompañando desde que decidió afiliarse al PRI, pero necesitaba de alguien que le cuidara las espaldas, que no persiguiera a sus cercanos y además, que expiara todas las culpas para él cruzar el pantano sin manchar su plumaje.

Fue entonces cuando pensó en Jorge Herrera Caldera, a quien le encontró las fortalezas de provenir de una familia trabajadora, empresario exitoso que transformó un changarro en un emporio bicicletero así como su ascendencia con los jerarcas de la iglesia católica.

Sus íntimos le reclamaron a Ismael que no podía considerarlo para que lo relevara en el cargo puesto que siempre estuvo vinculado con el ala conservadora del Partido Acción Nacional, situación que vio como benéfica, puesto que mandaría el mensaje de postular un candidato ciudadano, no el político tradicional de carrera tarzanezca en las lianas del erario y además, iba a provocar el fenómeno de que los simpatizantes del PAN votaran ahora por el PRI.

No solo los panistas votaron por el PRI en 2007, 2009 y 2010, sino que se incrustaron en las estructuras del tricolor a grado tal, que son los que actualmente dominan este partido político en Durango.

Algo parecido hizo ahora Enrique Peña Nieto al reinstaurar la figura del ‘dedazo’, ungió como su sucesor a un tecnócrata, afín al grupo calderonista de Acción Nacional, con ascendencia sobre la extrema derecha al formarse en una educación marista y sin ningún vínculo con el Revolucionario Institucional, cuyos militantes solamente se concretaron a practicar sus votos de ciega obediencia al Presidente de la República, en su calidad de jefe máximo de su partido, como marca su ADN.

¿Qué representa Meade? Cuidar los intereses financieros de los extranjeros, en especial de los consorcios de Estados Unidos, cuadrar los números para que Peña Nieto se vaya feliz a disfrutar de su pensión vitalicia y a que persista el estado de cosas que desde la cúpula sigue manejando Carlos Salinas de la mano con Diego Fernández y la decena de hombres que controla el flujo económico de nuestra Nación.

Ahora lo que sigue es fraccionar las preferencias electorales en que por lo menos todos los partidos políticos postulen candidatos presidenciales, así como en darle entrada a dos independientes con tal de evitar que la elección se polarice en dos opciones como en 2006 y en 2012.

Las proyecciones electorales del PRI son ganar con los votos corporativos de sus sectores y el SNTE a través del Panal, sus estructuras, las alianzas con gobernadores tanto del PRI y los expriistas que ahora son panistas así como con los sufragios que logren captar de las filas blanquiazules, quienes al tener una fobia a López Obrador y vean que su partido no tiene un candidato fuerte, cruzarán la boleta por uno de los suyos como es Meade.

Queda claro que Peña le devuelve el favor a Calderón y los panistas que lo ayudaron a ganar hace seis años, y no pudo hacerlo a través de Margarita Calderón sino por medio de José Antonio Meade.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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