Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

La bandera del debate

En teoría, los debates en tiempos electorales, son mecanismos indispensables para que la ciudadanía coteje las propuestas y argumentos de todos los candidatos, y así pueda razonar su voto. Abonan a la vida democrática porque alientan la participación, dicen algunos teóricos.  

En la práctica, en México no se sabe debatir, la organización de estas confrontaciones es acartonada y aburrida; desde 1994, elección que se implementaron por vez primera los debates en procesos electorales, no ha habido buenas experiencias como en otros países, especialmente en Estados Unidos en donde los debates son comunes e interesantes.

Por esta razón es que los debates han caído en una especie de choteo, pues en cada contienda electoral, es costumbre ver que el candidato que exige los debates es aquél que va abajo en las mediciones de preferencias electorales, porque necesita foro, reflectores y crear una arena para descalificar a sus contrincantes para exhibirlos ante los televidentes y sacarlo de control para de esta manera, subir puntos porcentuales en las encuestas. Para ese tipo de candidatos estos encuentros son valiosos y más ahora que el acceso a radio y televisión se encuentra bastante limitado; además da noticia al descalificar a los contrincantes que hacen mutis a la celebración de un debate.

En contraparte, los candidatos que se rehusan a debatir, son aquellos que se sienten seguros del triunfo, ya sea porque tienen la estructura suficiente para movilizar votantes el día de la jornada electoral o que pintan muy arriba en las encuestas y sus estrategas les aconsejan no acudir a este tipo de encuentros porque será blanco de ataques de sus rivales, especialmente de quienes les siguen en las preferencias electorales y además, buscarán ponerle trampas para que cometa errores que le cuesten significativamente en puntos porcentuales. Sin lugar a dudas que esta pose es un tanto soberbia, pero sucede en la mayoría de las contiendas electorales, porque los consultores los consideran como desgastes innecesarios. 

En este tenor, también existen los candidatos que provienen de la clase improvisada, que no cuentan con las tablas suficientes de manejo de temas relevantes, conocimientos suficientes y la experiencia para enfrentarse a este tipo de situaciones, de manera que los nervios pudieran traicionar a sus endebles personalidades y estarían en una cena de negros en lugar de un debate, lo cual también costará en las preferencias electorales porque evidenciarían su debilidad y generar una mala percepción entre los votantes.

Para tener una mejor idea de lo que son los debates electorales en Durango, haré un recuerdo de lo más sobresaliente que no es nada trascendente que digamos pero nos ayudará a valorar el nivel en el que nos encontramos:
1998. En el debate entre candidatos a gobernador, Máximo Gámiz, acusó a Guerrero Mier de hacer dispendio millonario en su campaña a grado tal de que se podrían construir dos fraccionamientos con viviendas de interés social.

2001. En el debate entre candidatos a la presidencia municipal de Durango, Marcos Cruz Martínez ofreció un monólogo pues los abanderados del PAN y el PRI no quisieron asistir.

2006. Rodolfo Dorador sacó de balance a José Ramón Enríquez pues aquél anunciaba que Ricardo Pacheco sería su compañero en la cámara alta como senador de primera minoría.

2007. Jorge Herrera Caldera llegó sorpresivamente al debate organizado en la Coparmex y reprendió a Bonifacio Herrera Rivera, entonces candidato del PAN. Lo llamativo es que el priista desobedeció a los asesores que le aconsejaban no ir a dicho evento por la tendencia panista del organismo empresarial.

2009. Jorge Herrera Caldera le dijo a Primitivo Ríos Vázquez que en su nombre llevaba la penitencia en el debate entre candidatos a diputados federales al distrito 04.

2010. El debate entre candidatos a gobernador terminó siendo una pelea de todos contra todos que no se llegó a nada. 

En 2013 se organiza el primer debate transmitido por redes sociales entre los candidatos a la presidencia municipal de Durango, el gran ausente fue el doctor Esteban Villegas pero no tuvo consecuencias en el resultado de la elección.
En los años no citados es porque no se registraron debates, los partidos satélites se negaron a la realización de debates pero no hubo la suficiente presión social para que se verificaran este tipo de confrontación entre candidatos, lo que viene a demostrar que en nuestro país no hemos alcanzado siquiera el mínimo de madurez política, a grado tal que los debates presidenciales adquirieron cierta obligatoriedad pero aún falta mucho por avanzar en la calidad de hacer política.
lecturaspoliticas.com

@MtroDelaRosa  

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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