Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

La misteriosa voz en la Universidad

Erasmo se sentía en total plenitud, ejercía su rectorado sin ataduras; ya no recibía órdenes en su mensajero de BlackBerry, ahora solo negociaba con emisarios del titular del poder ejecutivo, quienes le daban su lugar como rector de la Universidad, le mostraban respeto y consideración. El gobernador lo citaba en su casa a toma café, le servía él mismo en una de sus mejores tazas de porcelana, le daba trato de rector, no de empleado como el que le antecedió en el poder estatal.

Erasmo al ver tanta displicencia, pensó que se quedaba a concluir su mandato y más aún, en la posibilidad de dejar sucesor en la silla, que le cuidara las espaldas sobre todo por las sospechas de la Estafa Maestra y las suspicacias en las obras de infraestructura realizadas en la institución, y qué mejor para ello que su compadre como lo hizo Porfirio Díaz con Manuel González.

Una mañana, Erasmo brincaba de júbilo, su tinte de cabello y su pronunciada dentadura lucían con un brillo excepcional, su traje gris Oxford que le confeccionaron en la ciudad de los palacios le quedaba que ni pintado, todo le salía a pedir de boca, el próximo secretario de Educación se llevó una excelente impresión del Foro realizado en el auditorio que remodeló durante su gestión rectorial. Cuando se disponía a dejar su domicilio, lo esperaban en la puerta Tino y Pablito, éste último traía una cara de susto, puesto que su cabello rebelde aparentaba más levantado que de costumbre.

– ¿Qué te pasa Pablito?

– Su celular, señor rector. No ha dejado de sonar, no conozco el número.

– No contestes.

Cuando iban rumbo a Rectoría, el celular no dejaba de sonar, una llamada tras otra, colgaba y volvía a sonar el mismo número, por lo que un sudor frío comenzó a poblar la frente de Erasmo, hasta que le arrebató el teléfono a Pablito y contestó, solamente escuchó una orden contundente: “Renuncia inmediatamente Erasmo, hoy mismo presenta tu renuncia a la rectoría”.

Erasmo enmudeció, su sonrisa se desdibujó, al llegar al viejo palacete jesuita, con pasos robotizados se dirigió a su oficina, no saludó a nadie, ni siquiera a Poncho que se desvivía en halagos por su traje tan bonito. Solo lo acompañó Pablito, le pidió que cerrara la puerta y tomara nota, le iba dictar su renuncia.

El compadre de Erasmo siguió firme en su aspiración, no claudicó, todos cerraron la pinza con el amigo del rector caído. Una noche, recibió una llamada, pensó que se trataba de un director o concejal que se sumaba a su candidatura. No fue así, era una voz misteriosa que le dijo: “tenemos un secreto tuyo que no conviene ser divulgado, renuncia a tu candidatura”. Acto seguido a esa llamada misteriosa, el compadre anunciaba que no se postularía por dedicar más tiempo a su familia.

Luis Fernando entró al quite, al rescate del equipo, tenían todo para ganar y recibió la misma llamada, una voz misteriosa que le repitió la frase dicha al compadre de Erasmo, por lo que decidió hacerse ojo de hormiga y anunciar su salida de la contienda.

Por su parte, Enrique, decía que traía la bendición gubernamental, que le habían indicado que se dedicara a trazar los patrones para hilvanar la candidatura única a su favor; había logrado que un aspirante de apodo oriental declinara a su favor, cuando de pronto recibió esa llamada misteriosa. “Declina por Rubén, adiós”.

¿De quién será esa misteriosa voz que embruja a los universitarios? Es tan llena de suspenso, propia del Día de Muertos, de esa voces de ultratumba que evocan la noche de brujas y se posesiona del albedrío de los políticos universitarios.

Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

Un Comentario en “La misteriosa voz en la Universidad”

  1. Juventino Rodarte Solís.

    Mis respetos para Monsieur Grillot porque la realidad la hace ficción, o porque la ficción la torna realidad.
    En plan pedestre cito a un clásico muy visto: “Y ahora, ¿quién podrá defendernos.

    Deseo que no pocos leamos el mensaje cifrado de Monsieur Grillot.

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