Escrito por Alberto de la Rosa

Profesor universitario y estudioso del derecho electoral.

La popularidad de Jorge Salum

¿Cómo se mide la popularidad de un gobernante? ¿Por las muestras de cariño de sus gobernados? ¿En las elecciones cuando votan por el mismo partido político que lo llevó al poder? ¿Ratificando su mandato en alguna reelección? Quizá la forma más empírica de conocer el humor social hacia un gobernante, es cuando éste se expone a las multitudes; ya sea en un estadio abarrotado, en una kermés, en la plaza de toros o transitar por las avenidas más saturadas de la localidad.

Recuerdo que mi señor padre me platicaba que cuando Ángel Rodríguez Solórzano caminaba por la Plaza de Armas, la gente lo ovacionaba con aplausos porque había sido un gobernador bastante sencillo y amable, a grado tal que los profesores de la Sección 44 del SNTE le regalaron un bocho porque andaba en camión de ruta; don Armando del Castillo era abordado con afecto por la gente por su estilo tan dicharachero; Ramírez Gamero era visto con agrado haciendo fila en Ricopán de Libertad; a Silerio los jóvenes le llegaron a echar Goyas y porras universitarias cuando lo divisaban en la calle; Guerrero Mier era abrazado y besado por las líderes sociales de las colonias populares; ni qué se diga de Ismael o de Aispuro que saluda hasta los maniquíes.

En 2007, cuando la candidatura del PRI a la alcaldía capitalina se encontraba en indefinición, Jorge Mojica que era impulsado por un grupo de priistas, proponía que el método de definición se hiciera a través de una caminata por la calle 5 de Febrero entre él y Herrera Caldera para medir a quién saludaba más la gente y sin duda, conocían más al ingeniero.

Traigo todo esto a colación, porque el pasado martes 20 de Noviembre, en plena hora pico, me dirigía del Edificio Central de la UJED rumbo a la vieja casona del Conde Súchil. A la altura de Schoeders divisé al presidente municipal, ataviado en un fino traje gris rata con camisa blanca y corbata azul marino, caminando solo entre la gente.

Lo que llamó poderosamente mi atención, es que si bien la banqueta se encontraba transitada en demasía, nadie se detenía abordar al jefe de la comuna, ya fuera para hacerle una petición, un reclamo o de plano, saludarlo afectuosamente, porque generalmente las personas solo ven a sus gobernantes en la tele, en el periódico y ahora en las redes sociales; pocas veces de manera presencial.

Quizá esto se deba a que el grueso de la población es indiferente a la política y los políticos, o bien, también se le pueda atribuir al estilo y forma de ser de Jorge Salum del Palacio, que siempre se ha distinguido por ser un político nada pretensioso, que no pone atención ni dedicación a las poses ni al culto de su personalidad.

Más bien su perfil es de administrador, no de político que viva pensando en las próximas elecciones, por ello su carácter serio, reservado y quizá eso la gente lo vea bien y su afecto se lo haya demostrado en las urnas en la pasada elección, cuando se enfrentó a un personaje que es todo lo opuesto a él pero en grado superlativo.

Sin embargo, esto para él sea una fortaleza pero políticamente una debilidad, pues si llegara el momento de aspirar a ser candidato a gobernador, carece de equipo al interior del estado, de visión por darse a conocer al menos en los municipios con mayor densidad poblacional pero insisto, no se ve que a Salum le interese el futuro, sino el presente, salir adelante al día a día y ya después, las circunstancias dirán.

Escrito por Alberto de la Rosa

Profesor universitario y estudioso del derecho electoral.

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