Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

La primera carta del gobernador

Texto extraído del compendio de cuentos Les caricatures politiques de Joseph Grillot. 

El nuevo gobernador nunca se había sentido tan abrumado en su vida luego de conocer a detalle el estado de cosas en las que recibía la administración estatal que empezaba a encabezar; jamás había sentido esa pesadez ni cuando caminaba varios kilómetros para llegar a la escuela primaria en la región agreste en donde creció o cuando le robaron el triunfo en la primera elección en que participó para el cargo que hoy ostenta.

Por fin tuvo un lapso de sosiego a su regreso de la gira por la Ciudad de México, cuya agenda fue intensa, desde la visita de cortesía al señor Presidente de la República que duró cuatro minutos en posar para la foto que habría de ser boletinada a los periódicos de circulación nacional; después en Bucareli en donde el secretario Osornio lo hizo esperar dos horas para después disculparse porque fue llamado con urgencia de Los Pinos; una comida en Pie de Cochon con Beltrones donde brindaron por el cambio en el estado y después en Insurgentes Norte, la sede de su antiguo partido y a la que tuvo que entrar por la puerta secreta para que sus correligionarios no se sintieran ofendidos pues iba a tratar la renovación de la directiva estatal del PRI en donde quería controlarlo desde el gobierno estatal con la inyección de recursos a fin de mantener viva a la maquinaria en las colonias populares.

Luego de tanto ajetreo obtuvo un remanso de paz a bordo del avión gubernamental, Pepe nunca se imaginó que ejercer el poder era tan complicado, ya que cuando fue secretario particular del licenciado Silverio Esparta, viejo profesor rural que llegó a ser líder nacional de la CNOP y después gobernador, observaba que su mentor disfrutaba del poder a plenitud, ordenaba a diestra y siniestra, nadie le objetaba nada, era el amo y señor del estado; en cambio ahora, se lamentaba que tuvo que compartir el armado de su gabinete con su esposa, como si se tratase de un acuerdo marital en donde la pareja tiene que ceder para llegar a un equilibrio y peor aún, el activista social Tacho Hurtado lo criticaba en redes sociales y en medios de comunicación que su gabinete era de “cuotas y cuates”. [Está jodido ese Tachito, si mis amigos son los mejores y siempre me han sido leales; igual mis vecinos y amigas de mi esposa, siempre estuvieron con nosotros cuando nos despojaron del triunfo hace seis años] pensaba en voz alta el mandatario.

Fernando, Chuy y Lalito, sus inseparables asistentes no decían ni pío, preferían que su patrón siguiera mediatabundo que sacarle unas palabras para hacer menos tedioso el viaje de regreso por la capital del país; ellos intuían que su silencio se debía al informe que le entregó su tesorero, que sin rodeos le decía que las finanzas públicas estaban llenas de pasivos y nada de activos, el endeudamiento arrastrado desde la administración del licenciado Silverio iba  ser imposible cumplir con todas las promesas de campaña como hacer una nueva universidad pública y el dotar de vales de medicina ni pensarlo, ya que todas las farmacéuticas no querían saber nada de la entidad porque jamás les pagó el gobierno.

Una vez que aterrizó el jet privado en el aeropuerto aldeano de la capital del estado, el gobernante por fin habló, se dirigió a Fernando a quien le indicó que lo llevaran a su casa y que le dejaran en el escritorio de su estudio el sobre que le envió el licenciado Silverio pues el recordarlo durante el vuelo le trajo la intuición que quizá se tratara de enseñanzas para ejercer el poder.

Pepe Flores llegó a su residencia, su esposa no se encontraba en casa pues andaba en reuniones del patronato, sin dilaciones se dirigió a su estudio y ahí estaba el misterioso sobre encima de su escritorio. Tomó asiento en su silla giratoria de piel, le pidió a Lalito que le preparara un té de tila y que se retirara pues quería leer con con detenimiento el contenido del sobre.

El señor gobernador tomó el sobre, le temblaban y le sudaban las manos de la emoción, un golpe de nostalgia le llegó al corazón cuando rompió el sello lacrado del Rancho Los Cuervos, en donde tantas cosas de alto nivel se fraguaron e interminables francachelas vivió a lado del licenciado Silverio.

Por fin abrió el sobre y en su interior encontró otros tres sobres más pequeños y cada uno enumerado con 1, 2, 3. Por lógica rápidamente abrió el sobre marcado con el número uno, extrajo una hoja y de inmediato reconoció la letra de su maestro de la política, una caligrafía de fina cursiva como buen profesor de antaño. La misiva decía lo siguiente:

“Amigo gobernador: En la vida como en la política se debe seguir un orden concatenado y subsecuente, qué bueno que empezó a leer la primera carta, en la cual humildemente le quiero aconsejar que el primer año de gobierno es muy complicado pues hereda uno deudas, problemas, exigencias y demás situaciones borrascosas que provocan que el pueblo que es un ingrato, de buenas a primeras nos empiece a dar la espalda.

Humildemente le sugiero que se desmarque de su antecesor, uno quisiera que el gobierno durara para toda la vida pero los días son largos y los sexenios cortos; decían en mi pueblo Reborujo, que dos no caben en una misma silla, por eso debe sentarse usted nomás y mandar, borrar todo rastro de quien antes estaba sentado en su silla, así que mi consejo estriba en que para que salga librado de tanta exigencia, le eche la culpa al que se fue de todo lo malo que sucede en la entidad, que no se podrán hacer realidad las promesas de campaña porque dejaron la tesorería en bancarrota, busque culpables y emule a Poncio Pilatos”.

Pepe Flores recobró el entusiasmo y sin pensarla dos veces, tomó su teléfono, le marcó a su jefa de prensa, Verónica Pedregal, una antigua conductora de noticias que imitaba a Carmen Aristegui y que siempre lo apoyó en sus espacios dado que era una antipriista empedernida:

  • Hola Vero, ¿cómo estás?
  • Bien señor gobernador, a sus órdenes.
  • Quiero que convoques mañana a una rueda de prensa con el tesorero y hablen de lo terrible que dejaron las finanzas los que se fueron, habla con tus amigos columnistas y dales línea, vamos con todo, con todo, porque todo es todo; que sea un linchamiento mediático a los que acaban de dejar el poder.
  • Pero eso es antiperiodístico señor, falto de ética, aún no hay pruebas suficientes, eso es…
  • ¡Es la chingada! Ahorita me voy a reunir con el ingeniero Florestán Garcés, mi secretario de Gobierno, para fijar una estrategia y fregarnos a estos cabrones. Adiós.

El gobernador Flores se fue a la cama con una sonrisa pícara en los labios, volvía a sentir la adrenalina del poder gracias a los consejos de su mentor el licenciado Silverio y que desechó su antecesor; sin duda que el destino conspiró para que ese misterioso sobre llegara a sus manos pues pensaba que con esa acción habría de convertirse en un zar anticorrupción.

CONTINUARÁ…

Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

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