Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

La resurrección de la Iglesia 

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Desde la llegada de Jorge Bergoglio al trono de San Pedro, la Iglesia Católica se ha mantenido en una permanente renovación. El jesuita argentino se propuso que la institución universal fundada por Jesucristo también resucitara junto con Él, que dejara atrás el boato y las banalidades mundanas para consagrarse en propagar la Buena Nueva no solamente con palabras, sino con acciones reconfortantes para el espíritu de los creyentes de la fe católica.

En este sentido, el Papa Francisco, ha tendido la mano a los homosexuales, a los divorciados, a los sacerdotes que se retiraron de su ministerio y ha condenado a quienes han abusado del mismo para cometer delitos sexuales y poco a poco, la Iglesia va cambiando.

Diversos vaticanólogos opinan que San Juan Pablo II descuidó mucho la organización interna de la Iglesia por dedicarse a viajar por el mundo; Benedicto, su sucesor, no pudo hacer mucho por el peso de los años y las filtraciones de sus misivas al mundo exterior que lo orillaron a renunciar, de manera que Francisco ha retomado la reingeniería eclesiástica, comenzando con poner orden al interior del Vaticano, con la premisa de retirar a los pastores que se creen príncipes como fue el caso de Norberto Rivera Carrera, a quien luego de regañar en su visita a México, le aceptó su renuncia de manera inmediata sin concederle periodo de gracia.

Esta tónica de cambio la demostró el nuevo arzobispo primado de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes, cuya primera acción fue ordenar la práctica de auditorías a todas las parroquias de la arquidiócesis así como en dejar correr el juicio en contra de un sacerdote pederasta que fue condenado a 63 años de prisión.

En lo que se refiere a la iglesia local, José Antonio Fernández Hurtado, ha realizado más de 30 cambios tanto en el gobierno arquidiocesano como en las parroquias que comprenden los territorios de Durango y Zacatecas; todos ellos basados en la imperiosa necesidad de renovación constante en la Arquidiócesis de Durango, aunque algunos de esos movimientos no han gustado tanto a presbíteros como feligreses, el arzobispo de Durango se mantiene firme en sus determinaciones.

Igualmente, uno de los cambios significativos en la Arquidiócesis de Durango fue en la política de comunicación, cuya línea está basada en difundir el trabajo institucional, no la personalidad del obispo.

Solamente le falta promover el nombramiento de la sede vacante que dejó Enrique Sánchez, quien de obispo auxiliar se fue a la Diócesis de Nuevo Laredo. Los cercanos al Arzobispo comentan que esa designación se va a tardar porque José Antonio aún no requiere de alguien que lo auxilie en las tareas arquidiocesanas.

Como podemos apreciar, la Iglesia está en constante renovación, debe volver a sus principios, a la humildad del nazareno que hace más de dos mil años resucitó y olvidarse del poder político y económico.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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