Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

Las cenizas del PRI

La crisis del tricolor en Durango comenzó a partir de 2004 y fueron varios elementos que conviene desmenuzar para que los priistas hagan una catarsis y una introspección

Ricardo Pacheco es el menos culpable de la hecatombe del PRI en Durango y no le corresponde ser lo delgado de la hebra en este proceso postelectoral, en donde no se encuentran los culpables de la derrota en las elecciones de gobernador y presidente municipal de la capital del estado.
La crisis del tricolor en Durango comenzó a partir de 2004 y fueron varios elementos que conviene desmenuzar para que los priistas hagan una catarsis y una introspección, mismas que habrán de servirles por si quieren resurgir de las cenizas como el Ave Fénix:

Durante el sexenio de Ismael Hernández Deras el PRI estuvo a cargo de Jorge Meade Ocaranza, los integrantes de los cargos directivos eran meramente ornamentales y el entonces Delegado del CEN se enfrentó con los priistas ortodoxos, haciéndolos a un lado para darle paso a jóvenes afines a él. Fue la etapa en donde aparecieron los relegados que comenzaron a hacer equipo con el actual gobernador electo, José Rosas Aispuro.

En la víspera del sexenio de Herrera Caldera, fue Esteban Villegas quien llegó a la dirigencia estatal del PRI, quien además de encapsularse y no tener contacto con la militancia más que con sus incondicionales, se descuidó la atención a las estructuras y seccionales; continuó con el desplazamiento generacional para dar entrada a cuadros panistoides a cargos importantes en sectores y organizaciones, ofendiendo aún más a la militancia añeja.

Otniel García Navarro, también de perfil de derecha, continuó con la misma tónica relatada en el punto anterior, con el agregado que dejó de lado el trabajo partidista para dedicarse más a sus aspiraciones políticas, situadas siempre en la capital del estado.

Manuel Herrera Ruiz, quien estuvo disecado como en una sala de museo durante este sexenio, en cuanto recibió la oportunidad de ser presidente estatal del PRI, intensificó su trabajo personal y dejó correr muchas cosas, como fue no poner orden entre los aspirantes a la gubernatura, quienes en mucho provocaron la descomposición que hoy vive este partido político.

Abel Guerra, embajador plenipotenciario de Manlio en Durango, solamente acudió a revolver las aguas al interior del PRI, en sus pláticas hablaba mal de todos los aspirantes a la gubernatura y solamente se dedicó a crear la percepción de invencible de José Rosas Aispuro Torres.

Luego de todos estos elementos surge la pregunta de quién o quiénes podrán salvar al PRI, se han apuntado Jorge Iván Domínguez, Ismael Hernández Deras a través de Adán Soria, David Payán y Francisco Gamboa Barrón; habrá qué ver cómo se logran poner de acuerdo los priistas que se encuentran desatados ante esta especie de orfandad política en la que cayeron a partir del 5 de junio, pero lo que debe quedar claro es que si la ciudadanía votó en contra de los grupos que vienen gobernando durante los últimos doce años, no se antoja posible que el salvador del PRI sea alguien identificado con ellos sino que se abre la posibilidad para el arribo de alguien identificado con los grupos del propio Aispuro, Guerrero Mier y Ramírez Gamero o bien, abrir paso al grupo lagunero de Leticia Herrera, en donde pudiera emerger Jorge Mojica. 

Ahora va a ser interesante presenciar cómo los priistas se ponen de acuerdo sin la existencia de la línea de un jefe político inmediato y más ahora, que el poder del centro del país se encuentra bastante menguado y desacreditado; les va a pasar como dice el viejo y conocido refrán: “no es lo mismo ser borracho que cantinero”.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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