Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

Lecturas de la renuncia Juan Quiñonez a su militancia panista

Así como el PRI no sabe ser oposición, pues sus elites se mantienen fieles a los poderosos; el PAN no sabe ser gobierno, ya que el poder se le escurre de las manos cual se si tratase de un puño de arena.

Hago esta alegoría, porque como nunca antes el PAN en Durango se encuentra polarizado en dos grandes bandos, el que encabeza el gobernador del estado en su calidad de jefe político del blanquiazul, y el que lidera el señor presidente municipal de la capital.

Sin embargo, en las últimas semanas, de cara a las definiciones rumbo a la elección municipal de este año, las tensiones llegaron a su grado máximo con las expresiones radicales de Rómulo Campuzano y de Rodolfo Elizondo, enfilando su malestar en contra de los personajes cercanos a José Ramón Enríquez, en donde figura el ex líder estatal panista, Juan Quiñonez Ruiz.

Elizondo ha estado fustigando a Quiñonez por pertenecer a la bancada de Movimiento Ciudadano y Juan, que no es nada dejado, le ha pedido cuentas de la falta de las aportaciones de sus cuotas al PAN desde que fue funcionario federal y asesor del Gobierno del Estado, lo cual asciende a un aproximado de 50 mil pesos; así como sus muestras de apoyo a Martín Vivanco y Margarita Zavala, en la casa modernista que construyó en el Centro Histórico, luego de demoler un edificio histórico por el rumbo de Las Moreras.

Ante este clima de inestabilidad al interior del PAN, el senador Quiñonez Ruiz, tomó una de las decisiones más difíciles de su vida, renunciar a su afiliación al Partido Acción Nacional, en donde siempre defendió su convicción a la doctrina de Manuel Gómez Morín.

Juan Quiñonez siempre fue panista de lucha, se enfrentó al sistema y conoció las derrotas en su tierra Canatlán; fue bloqueado en dos ocasiones para ser presidente estatal de su partido, recuerdo que hace una década uno de sus hermanos le aconsejaba renunciar a ese partido y hacer lucha desde fuera, le respondió que no, que necesitaba estar dentro para hacer los cambios que se necesitaban hasta que llegó a ser dirigente estatal.

Quiñonez Ruiz siempre estuvo de lado de Rodolfo Dorador, pero éste se retiró de la política para dedicarse a los negocios inmobiliarios, de modo que apoyó el proyecto de José Ramón Enríquez Herrera a quien conoce desde niño, por lo que ambos fueron construyendo a lado de Rosas Aispuro el proyecto de la alternancia tanto en 2010 como en 2016; incluso fue Juan quien convenció al ahora gobernador de ser candidato a senador en 2012, con lo cual lo retuvo en las filas del panismo.

No obstante, en política nada es para siempre, recuerdo que antes de comenzar la misa de entronización del Padre Batman en Nuevo Ideal, se sentó junto a mí Juan Quiñonez Ruiz. Me comentó que iba a ser el primer funcionario estatal que le renunciaría a Aispuro. Recuerdo que me lo comentó con un asomo de tristeza, que mejor se iba a trabajar con José Ramón, quien muchas satisfacciones le había dado y lo iba a ser senador suplente.

Hoy podemos comprobar que Juan cumplió su palabra, que toma la decisión de seguir al oftalmólogo hasta el fin del mundo, que si su nave zozobra estará junto a él como los músicos de la película Titanic y qué mejor muestra de lealtad que renunciar al partido de sus amores.

La renuncia de Juan Quiñonez, que seguramente irá acompañada de otros más, no hace más que abonarle a la división y al vacío de poder al interior del PAN de Durango, así como en abonarle a que Morena sea la opción más fuerte para ganar las elecciones municipales venideras y por ende, ni pensar en la sucesión gubernamental de 2022, dado que les queda como anillo al dedo una de las frases de Manuel Camacho Solís: “Cuando quisieron no pudieron y cuando pudieron, no quisieron”.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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