Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

Lecturas del adiós de Joserra

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José Ramón Enríquez Herrera, se retiró de manera definitiva de la presidencia municipal de Durango para competir en la contienda electoral por un escaño en la cámara alta.

Podría decirse que tiene todo para ganar, pues cuenta con la estructura del Gobierno Municipal a su disposición, siempre y cuando, Alfredo Herrera Jr. no le dé la espalda como hace 18 años lo hizo Francisco Javier Pérez Gavilán con Ismael Hernández Deras, quien luego de entregarle la alcaldía, se puso a las órdenes del gobernador de ese entonces, Ángel Sergio Guerrero Mier. Digo esto porque como vivimos en una especie de Deja vú político, todo puede suceder.

Si esto le llegara a pasar al oftalmólogo no debe importarle, ya que cuenta con la suficiente solvencia económica para costear su campaña a senador, tal y como lo hizo en las elecciones de 2006 cuando salió del gobierno de Ismael para contender por la coalición que en ese entonces postulaba a López Obrador.

En el terreno político, José Ramón se enfrenta a dos fórmulas bastante débiles; por un lado está la que abandera al PRI que sin lugar a dudas podrá ser arrastrada por los números negativos de su candidato presidencial, amén de que Rocío Rebollo sostiene una rivalidad con Leticia Herrera, de manera que esa fricción pudiera beneficiar al galeno, sin olvidar del desbarajuste que se vive al interior del PRI de Durango.

Por otro lado, la fórmula postulada por Morena es bastante débil, Gonzalo es un cartucho quemado con cierto arrastre en la Ciudad de Durango con su estructura de los CADI; mientras que la ex alcaldesa de Nombre de Dios no tiene una buena imagen por haber jugado un papel desestabilizador al interior del PAN como aliada de los grupos de poder en el sexenio pasado.

Sin embargo, los personajes anteriormente citados no deben preocuparle a Enríquez, quien sí debe de quitarle el sueño es la ciudadanía, los electores de la Ciudad de Durango que están hartos de chapulines, de que se realicen las mismas prácticas de quienes no terminan sus encargos para ir en busca de otro en aras de ascender en sus trayectorias políticas; quizá por eso ha manejado el discurso mediático que se va de manera temporal, sabemos que no es cierto pues de lo contrario el hijo de Alfredo Herrera Deras no hubiera asumido el cargo que deja vacante, y el INE pudiera negarle su registro por no cumplir con la totalidad de los requisitos constitucionales de elegibilidad.

El oftalmólogo debe saber mejor que nadie que el elector de la capital es bastante cruel, no se deja llevar por caras bonitas, sonrisas, la magia del marketing político o de las propuestas soñadoras; no, el elector de la capital del estado es vengativo, castigador como lo hizo con Jorge Herrera Caldera en 2010 y con Esteban Villegas en 2016, quienes no cumplieron cabalmente sus periodos como presidentes municipales y ese sufragio de venganza los hicieron perder la gubernatura, de manera que debe verse en esos espejos.

Es bueno que Enríquez se vaya, pues se va a someter a una especie de revocación de mandato a la que iba a convocar a la mitad de su mandato como alcalde; veremos si la ciudadanía lo premia o lo castiga por su desempeño como Presidente Municipal de Durango, si en verdad los electores siguen felices o enojados con él.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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