Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

La penúltima carta del gobernador

Texto tomado del libro de cuentos Les caricatures politiques de Mons. Joseph Grillot. Editado por la Universidad Benemérito de Las Américas.

Elvia Morantes de Flores, no podía más, no soportaba los comentarios negativos que le llegaban de su marido, el señor gobernador. Que si la estaba regando, que si no estaba haciendo bien las cosas, que si le temblaba la mano para poner orden, que estaba siendo rebasado por su secretario de Gobierno. Basta. Por eso mejor suspendió agenda.

Era una mujer que sabía de las artes de la política, su padre había sido el cacique de su pueblo natal y por ende, como su hija consentida, estuvo siempre cerca de los quehaceres de la realpolitik, dado que  el viejo había sido alcalde, diputado, senador y aspirante a gobernador, por lo que heredó su olfato y oficio político. Además, su papá era compadre del licenciado Silverio Esparta, que cuando iba a comer a la casa lo hacía acompañado de su secretario particular, Pepe Flores y desde que se conocieron quedaron flechados, de eso que en mi país se llama “coup de foudre”.

Elvia, cuando se sentía tensa, le hablaba a su estilista personal Quico Sábalos para que fuera a su residencia campestre a hacerle faciales, manicure, pedicure y un masaje capilar; le relajaba en extremo sentir cómo sus delicadas y finas manitas le removían el cuero cabelludo para relajarle la cabeza y acomodar sus ideas; y vaya que ahora más que nunca lo necesitaba, pues quería hablar seriamente con su esposo porque no podía permitirse seguirla regando en la forma en que llevaba el gobierno del estado con apenas cuatro meses de ejercer el poder.

Cuando terminó su sesión de belleza, Elvia despidió a su estilista, le dio una tarjeta firmada para que cobrara sus servicios en la Tesorería del Estado, posteriormente se atavió en su kimono de seda que le regaló el embajador de Japón en México, se calzó sus pantuflas rosas de tela polar y se sentó en el sillón individual de la sala. Su mucama le preparó un té de jazmín y activó su iPad mini con la playlist de yoga; sabía que su marido no tardaba en llegar, pues le había pedido que le urgía conversar con él en su casa a través de un mensaje de Telegram que sin dilaciones su esposo le contestó que la vería a las siete de la tarde en su residencia.

Efectivamente, con puntualidad londinense, Elvia escuchó cómo arribaba la suburban blindada a su casa, se abrió la puerta y apareció el gobernador Pepe Flores con un rostro desencajado, ella intuía que era más por la reprimenda que le esperaba más que por los problemas gubernamentales, pero esta vez sería clemente con su marido, la sesión de belleza con Quico Sábalos la había dejado en un plan ecuánime.

  • Llegas puntual chaparrito. Ven, siéntate, tenemos que hablar.

Pepe sabía que ese “tenemos que hablar” tenía  un “je ne sais pa que” que era augurio de que no le esperaba nada halagador.

  • Qué pasó, que pasó, de qué tenemos que hablar. Dijo el gobernador trastabillado.
  • Calma chaparrito, ando relax, solo quiero decirte que no están saliendo las cosas como esperábamos, tienes que consultarme primero lo que vayas a hacer, pero veo que le haces más caso a ese viejo raboverde de Florestán Garcés, te dije que no me gustaba para nada que lo hicieras secretario de Gobierno, además de viejito se siente un playboy, afecta a tu imagen de hombre de hogar. Ya ves en nada te sirvió la campaña en contra del ex gobernador y su gente, se hizo todo mal, precipitado, pero no me consultaste primero y ahí está que todo se echó a perder, como diría mi padrino Silverio Esparta “se te hizo bolas el engrudo”.
  • No le tengas mala voluntad a Garcés, es bueno, tiene experiencia, además me lo recomendó el exgobernador el licenciado Serbio Marrero; me apoyaron mucho en la campaña.
  • Ya, ya chaparrito, tenemos que encontrarle una salida a los problemas; nuevamente tengo la razón pero ni modo, te tengo la fórmula a esa crisis que se empieza a generar.
  • ¿Ah sí? ¿Cuál es?
  • Pues hoy cuando llegué de la oficina del patronato me puse a hacer limpieza en tu estudio y encontré en el cajón de tu escritorio un sobre que te envió mi padrino, el licenciado Silverio Esparta. Vi que ya leíste la primera cartita y así como no me dijiste de lo que ibas a hacer, tampoco me contaste nada de ese sobre que te mandó mi padrino. Pero bueno, como te dije, ando relax y no le falta razón a mi padrino en lo que te sugiere en su segunda cartita que ya leí porque entre tú y yo no existen secretos, ¿Verdad chaparrito?
  • Sí mi vida, sí mi vida, no hay secretos.
  • Muy bien chaparrito, así se habla. Dijo Elvia dando pequeños aplausos. – Bien pues te voy a leer la cartita de mi padrino Silverio Esparta. Dice: “Estimado señor gobernador, esta segunda carta la empezó a leer cuando ya haya agotado mi primera sugerencia de echarle la culpa a los que se fueron; todo se acaba y ese recurso no es eterno, de modo que ahora no queda más que echarle la culpa a los que están con usted. Linche a los suyos, tienen que aguantar porque son de casa, para eso se llega al poder con los amigos para que gocen y sufran; yo lo hice con mi secretario de obras y mi procurador; remueva los que tenga que remover, diga que fueron ellos por su ineptitud los que frenaban los resultados de su gobierno y que con ese golpe de timón llevará el barco a un mejor puerto. Atentamente, su seguro servidor, Silverio Esparta.
  • ¿Qué hago?
  • Vamos a la mesa a ver a quién vamos a correr chaparrito. Sin duda tenemos que empezar por el ojoalegre de Garcés, está fuera de época; te dije que pusieras al saxofonista de la orquesta que ameniza nuestras fiestas, es muy cuate y muy bueno pero te aferraste. También hay que cambiar a la jefa de prensa, es un híbrido entre Aristegui y Zarco y su idealismo no le ayuda, se rehusa a repartir sobrecitos y por eso te pegan mucho en las columnas; nuestro compadre de Educación ya está muy cansado, lo suyo son los números, muévelo a Finanzas o a Economía, algo donde esté más tranquilo para que no batalle con los profesores que son el vivo demonio; nuestro otro compadre el Procurador es buen hombre, manda al maleado de Memo Ochoa, ese policía que trabajó con Fox. Hay que quitar a la auditora como es del Yunque no le ha hecho nada a los ex funcionarios que eran de la vela perpetua.

Así continuó Elvia Morantes delineando los cambios en el gobierno con una precisión como si delinease el contorno de sus largas y rizadas pestañas, escuchando de fondo los sonidos orientales del yoga acompañados por varios “sí mi vida” de su amado e inseparable esposo.

CONTINUARÁ

Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

Sin Comentarios

¿Te gusto este artículo? deja un comentario...

Deja una respuesta

  • (will not be published)