Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

Meño tras el voto de la ternurita

Ya comenzaron formalmente las campañas electorales para renovar el Congreso del Estado. A escasos días del inicio las actividades proselitistas, me llamó la atención que divisé en un crucero haciendo campaña al Meño Herrera. ¿Qué tiene de llamativo? Se preguntarán. A continuación les paso las respuestas:

En primer lugar, porque Manuel Herrera siempre estuvo acostumbrado a hacer campañas muy vistosas, suntuosas, presuntuosas, diría yo. Siempre se hacía acompañar por ejércitos de brigadistas que lo acompañaban en la entrega de utilitarios, volantes y calcomanías. Igualmente le seguían sus pasos fotógrafos, camarógrafos y un especialista en redes sociales que tomaba fotos con un iPhone.

Ahora, Herrera Ruiz estaba en compañía de la soledad, repartiendo un volantito inelegible, sufriendo a solas el rechazo de los conductores que están hartos de que en cada crucero tienen que lidiar con los limpiaparabrisas, con los que echan los periódicos por la ventana a cambio de una moneda, de los pedigüeños, de los que entregan tarjetas de las casas de masaje con final feliz, de los vendedores de frutas, semillas y demás cosas, para ahora soportar a los candidatos que ofrecen lo mismo: promesas que nunca se van a cumplir.

Al ver esto, de inmediato pensé que el PRI y sus candidatos les tocaba sufrir las de Caín porque ya no gozan del erario y la estructura gubernamental para hacer campañas costosas y apabullantes; quizá ahora le toca el turno a los abanderados del PAN.

También vino a mi mente el conflicto interno que padece el PRI de Durango en estos momentos, tanto por el desgaste de la marca así como los pleitos que ha originado el estilo belicoso de Luis Enrique Benítez.

Sin embargo, hay una máxima en política que reza “piensa mal y acertarás”, y en este sentido, no es remota la posibilidad que esas muestras de pobreza del Meño sea parte de su estrategia para apostarle en alcanzar el voto de la lástima y la ternura.

Conociendo a Meño, que es tan astuto como su impulsor Ismael, ha de haber planeado presentarse ante el electorado como un candidato pobrecito, sin recursos pero con muchas ganas de volver a ser diputado, para que el elector del tercer distrito diga: “mira, pobre Meño anda solo, nadie lo apoya, cae rebien, me recuerda al Mayito antes de que se echara a perder, voy a votar por él”.

Manuel Herrera es un diestro en jugar con las emociones de la gente, sus ojos de Remy le permiten conmover a quien lo ve, es un diestro en conmover a quien no lo conoce; hace dos años fue severamente criticado cuando abordaba cómo un integrante de su familia había librado una grave enfermedad y es que esto es válido, porque como atinadamente dice el consultor Fernando Mejorado, “las guerras se ganan en el corazón”.

Igualmente, no es remota la posibilidad de que la lona que apareció donde le cobran sus acreedores de hace dos años, haya sido instalada por él mismo para hacerse la víctima de guerra sucia en su contra, que es una estrategia de sus antiguos correligionarios que se fueron a Morena para terminar de una vez por todas con su carrera política.

A ver si esta estrategia no se le revierte, porque atinadamente decía el licenciado Silerio que ‘un político pobre es un pobre político’ y de pobre Meño no tiene nada, porque ha sabido hacer muy buenos negocios dentro y fuera de la política.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

Un Comentario en “Meño tras el voto de la ternurita”

  1. Juventino Rodarte Solís.

    En una ocasión dijo que había quedado tan reducido de fondos que iba a establecer un negocio de comida con el nombre de “Los antojos del patrón”, cercano a la carretera libre Durango-Francismo I. Madero y contiguo a su heredad que tiene en los aledaños de la colonia Hidalgo. El hecho que ahora sea candidato del ex partido oficial aquí en Durango, me lleva a concluir que le fue muy bien en su negocio a tal grado que ahora tiene excedentes para invertir en política en sustitución de las prerrogativas partidarias y la en otrora escarcela repleta de efectivo que caracterizaba a todos los candidatos del PRI.

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