Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

Crisis recurrente.

Si bien es cierto que bajo  la parafernalia de las campañas electorales y otros distractores, pareciere que la sombra de una nueva crisis económica se ha disipado, lo cual se considera que tal percepción no está apegada a la realidad, en tanto que no han desaparecido los factores incidentes en la posibilidad de que la misma se haga presente, sino que los mismos están latentes.

Tal factores lo son: la disminución de los ingresos derivados del petróleo, la reducción del presupuesto de egresos de la Federación para el año en curso y el anuncio de la que tendrá lugar en el año 2016, la depreciación del peso en vías de revaluación pero que puede recuperar su tendencia a la alta,  el crecimiento del empleo que no se ha dado en el porcentaje deseable, el déficit fiscal, el aumento de la deuda interna y externa, la subasta o venta de dólares diaria que realiza el Banco de México con la consecuente reducción de la reserva de divisas, y  el crecimiento económico que no se ha dado en los términos planeados.

Por otra parte, que no sea hayan dado los factores que potencian o propician las crisis, como serían la inflación y la mayor exportación en comparación a los bienes importados, ello no significaría que la crisis económica no pudiere tener lugar ante la preponderancia de los factores propiciatorios  señalados.

Ante la perspectiva de una posible crisis, el gobierno federal, a través de su gabinete económico integrado por varias dependencias y en donde marca la pauta el Secretario de Hacienda y Crédito Público, cuyas políticas en la materia invariablemente son sujetas al visto bueno y decisión del Titular del Poder Ejecutivo, estará en condiciones de demostrar cuál habrá de ser su actuación para evitar la crisis, o bien para que se atenúen los efectos de la  misma si  se diere o se agudizare aún más, para así saber realmente su capacidad en el ejercicio del poder lo cual, inevitablemente, repercutirá en la sucesión presidencial siguiente.

Mientras el tiempo corre, los iniciados y no iniciados tienen y tendrán tiempo para recurrir al pasado para así saber cómo se resolvieron las crisis que en su momento se dieron y cómo, los planteamientos y medidas para la solución, trascendieron a la sucesión presidencial, ya que aquéllos fueron factores clave para decidir la misma.

La historia reciente es muy conocida por un número significativo de gobernados que ya vivían y resintieron los efectos de las crisis de los setenta y de los ochenta.

Asumido el poder presidencial por Luis Echeverría Álvarez, se planteó el final del desarrollo estabilizador y se anunció el inicio de nuevos tiempos; sin embargo, no tardó mucho tiempo en y el presidente removiera al titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP) a quien sustituyó con su amigo de toda la vida y, al parecer, con experiencia administrativa para llevar con éxito el desarrollo del país ofrecido.

Sin embargo, la gestión del nuevo titular de la secretaría estuvo muy distante de resultados positivos, a pesar que se apoyó en los políticos-tecnócratas que aspiraban a relevar a los políticos-políticos en el ejercicio del poder.

Después de la devaluación del peso ocurrida el 31 de agosto de 1976, el nuevo gobierno, de entrada, salvó la problemática económica concurrente, gracias al boom petrolero y que pretendió gobernar con un plan global de desarrollo cuyo diseño concretó Miguel de la Madrid Hurtado quien, como Secretario de Programación y Presupuesto, al final vino a ofrecer la fórmula salvadora y convincente de la voluntad presidencial, dejando en el camino a los aspirantes a la presidencia, y quien, con el aval del plan diseñado y las intrigas palaciegas, fue elegido candidato para luego hacerse del poder presidencial omnímodo propio del titular del Poder Ejecutivo, en el sentido de que, como la problemática existente era económica más que política, debía acceder al poder el más capacitado para superar la crisis.

En virtud de la multiplicidad de factores concurrentes y de la incapacidad  para superarlos, o por lo menos para atenuar sus efectos, que no fueron otros más que la fuga de capitales, la devaluación creciente, la disminución de los ingresos petroleros y el crecimiento de la deuda, y que en buena medida fueron heredados, todos ellos acentuados por la llamada “nacionalización” de la banca privada que más bien fue estatización, los platos rotos los pagó el Secretario de Hacienda y Crédito Público, lo cual se tradujo en que la Secretaría de Programación y Presupuesto tuviera el control total de la política económica del país ante la debilidad de un presidente que no fue del todo capaz de resolver la problemática económica heredada.

Removidos los obstáculos representados por aspirantes con perfiles sucesorios, la Secretaría de Programación y Presupuesto, con el apoyo del equipo conformado desde hacía más de un sexenio, tuvo la vía despejada para que el titular fuere el próximo presidente de la República en una elección y con resultados todavía cuestionados.

Luego pues, de acuerdo con los antecedentes recordados grosso modo, las sucesiones presidenciales de 1976, 1982 y 1988 fueron decididas a favor del secretario experto en la materia económica que ahora sería el titular de la SHyCP, previa disputa interna hacia el interior del gabinete presidencial que provocó remociones tal vez motivadas por razones más subjetivas que las objetivas sostenidas por  los removidos, cuyas propuestas quedaron en el “hubiera”.

En el pasado, las remociones se hicieron con oportunidad. La pregunta obligada es ¿si en nuestros tiempos se harán o el presidente jugará con las piezas claves económicas en las cuales ha sustentado y sustenta el ejercicio del poder?

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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