Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

La marca de la casa.

Se considera creciente la percepción de la decadencia de los partidos políticos como la vía más segura para obtener un cargo de elección  popular, a menos que el candidato tenga las cualidades necesarias para salir avante.

          Tal percepción, en cierto sentido, es compartida desde hace tiempo por las dirigencias de los partidos, lo cual se demuestra con la preferencia para postular candidatos con mayor aceptación ciudadana de acuerdo a los resultados arrojados por las encuestas realizadas para tal efecto.

          Por supuesto, todavía persiste en un significativo porcentaje  de candidatos cuya postulación se lleva a cabo de acuerdo a la tradición y a los compromisos existentes hacia el interior de los partidos, para lo cual dejan de lado la fuerza y atracción electorales de los prospectos, confiados en que sus estructuras y organizaciones, más el apoyo indirecto o tácito que reciban de los gobiernos dentro del contexto territorial en el cual se realice la elección.

          Por supuesto, que la práctica citada de la postulación de candidatos se presenta con más frecuencia en correlación a su organización, a su tradición y a la confianza que les genera ejercer el poder en el ámbito electoral correspondiente.

          Seguramente habrá estudios y/o investigaciones acerca de cuándo se manifestó por primera vez la tendencia preferencia en primer término señalada, así como el ritmo y los ciclos temporales de su crecimiento.

          Sin necesidad de remontarse demasiado en el tiempo, sí es factible establecer que en las elecciones presidenciales previas a la de 1988, dominaba la organización sobre las personas, de tal manera que los candidatos triunfaban con relativa facilidad, sobre todo cuando la fuerza del gobierno concurría para tal efecto, sin dejar de conocer las rebeliones y disidencias internas en varias elecciones manifestadas de diferentes maneras, entre las cuales la violencia cruenta no estuvo alejada de la realidad.

          Consolidado el sistema, sin mayores obstáculos, el partido en el poder obtuvo el triunfo en las elecciones presidenciales de 1958 a 1982.

          En la elección siguiente, agotado el sistema y con toda la fuerza del partido en el poder y del poder mismo, el partido presentó fisuras y debilidades que derivaron a una elección muy cuestionada y con un triunfo impugnado por los vencidos, sobre todo porque en las mismas contendieron dos personalidades de la oposición  con fuerza electoral significativa y muy propia de ellos.

          En la elección siguiente, no obstante la vigorosa personalidad de uno de los candidatos quien arrasó a sus oponentes en el debate transmitido a nivel nacional, el partido en el poder, sin dificultades y  complicaciones mayores, resultó vencedor y su candidato fue el presidente de la república; triunfo matizado y favorecido por los precedentes de violencia, la cual motivó a los ciudadanos, dominados por el temor que la violencia creciera y se hiciera presente en sus respectivos entornos, a otorgarle su voto al partido hegemónico de siempre, todo ello sumado a la desaceleración de la campaña del vencedor en el debate.

          Para las elección siguiente, apareció con ímpetu que a veces se percibió avasallador, quien, con un lenguaje comprensible por sencillo, llamó a relevar al partido dominante mediante una campaña muy bien orientada a ser una especie de plebiscito en torno al continuismo o a la renovación política, la cual  resultó exitosa esencialmente por la personalidad del candidato triunfante (sin pertenecer a la militancia tradicional del partido postulante) quien en el debate superó sobradamente a sus adversarios.

          En la contienda presidencial de 2006, destacó en el escenario electoral el candidato proveniente de la izquierda quien, sin contar con una estructura electoral relevante, se perfilaba hacia el triunfo sustentado en su personalidad y de quien se percibía que era el único con aptitudes en el ejercicio del poder para abatir males seculares, lo cual al final no le favoreció debido a tres circunstancias.

          Primera: a la intervención confesada por el propio presidente de la república, en el sentido de haber impedido que aquél obtuviera el triunfo; segunda: a la utilización recomendada por los expertos, consistente en emplear la llamada propaganda negra para reducir sus índices preferenciales, dentro de la cual se empleó  el miedo a su candidatura, generada por la difusión de aspectos negativos de su personalidad y preferencia ideológica que no le fue posible rebatir y mucho menos atenuar sus efectos, y en tercer lugar, a la decisión  del propio candidato  a no participar en un segundo debate que lo demeritó en el sentir de no pocos ciudadanos, aunada a expresiones ofensivas a la figura presidencial unas, y otras, que expresaban aversión a las instituciones.

          Tal conducta  y expresiones, acentuaron los efectos de la propaganda negra pues permitieron acrecentar el miedo que aquélla ya había generado en su contra.

          En las elecciones de 2012, otra vez se hizo presente la confrontación entre las personalidades de los candidatos. El candidato derrotado en 2006 conservó su fuerza electoral, la cual le fue insuficiente para superar al principal contrincante y vencedor quien, al margen de las debilidades imputadas antes de la campaña más que las que aparecieron en la misma, su presencia física y sus propuestas programáticas, avalados por los medios de comunicación de mayor influencia y cobertura, lo condujeron al triunfo; mientras que la persona candidata por el entonces partido en el poder, tuvo que conformarse con el tercer sitio al carecer con la personalidad para poder contender  con sus adversarios.

          Por lo pronto, la personalidad de los candidatos estará presente en las elecciones para gobernador y en zonas urbanas con electores bien informados en las relativas a presidencias municipales y diputados federales y locales. En las restantes todavía prevalecerá la fuerza del partido y el apoyo de la estructura de gobierno de que se trate. Ello no será obstáculo para que aumente la tendencia a postular  personalidades fuertes que rebasen los ámbitos de los partidos.

 

 

Escrito por Juventino Rodarte

Articulista del Periódico El Sol de Durango. Profesor Universitario Jubilado.

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