Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

¿Quién va a ganar las elecciones?

Estamos a un mes de la votación y el triunfo dependerá no de las encuestas que miden intenciones de la emisión del sufragio, sino de la capacidad de promoción, verificación y movilización de los electores en el “Día D”, como se le conoce a la jornada electoral en la jerga del mundillo electorero. Esta maniobra requiere de mucho dinero y es adonde se han ido las inversiones millonarias que dejaron de hacerse para los concesionarios de radio y televisión ante la restricción legal de comprar spots.
La promoción o activismo consiste en la realización de redes de promoción del voto a favor de un partido o candidato, generalmente se hace a través de listas en donde se vacía la información de los ciudadanos como es el nombre, domicilio, teléfono, correo electrónico, clave de elector y número de la sección electoral para la ubicación de la casilla en donde emitirá su voto. También se usan mecanismos como las redes sociales y plataformas digitales, en las cuales se tiene una base de datos de todos los promovidos.

A estas personas se les hace llegar información del candidato de manera permanente y el día de la jornada electoral se le habla para que vaya a votar o bien, quien lo promovió acude por él para llevarlo a la casilla correspondiente. El promovente reporta a una central que ya hizo la invitación a sufragar o que los movilizó. Esta información sirve para que en los círculos rojos de las casas de campaña empiecen a realizar un estimado de la votación y así tener una probabilidad del resultado.

Sin embargo, este tipo de sistemas pierde efectividad cuando los partidos y candidatos incurren a la simulación o al exceso de confianza; es común que los responsables de la promoción del voto hagan de mala gana el trabajo ya por falta de pago, ya por falta de convicción, en donde llenan sus listados con nombres del directorio telefónico o de listas anteriores.

Resulta que los responsables como se sienten seguros del triunfo no fiscalizan la realidad de las redes de promoción del voto y cuando lo hacen es demasiado tarde, pues se percatan que hay nombres que no viven en el mundo terrenal o en el domicilio señalado; otros que no comparten la misma preferencia electoral y otros, que son los más, nombres ficticios.

Por todos estos motivos, se deduce quién ganará las elecciones el 5 de junio y será aquel candidato que verifique personalmente la identidad, preferencia y afinidad de cada uno de los ciudadanos que aparecen en sus redes de promoción, para una vez tenerlos ubicados, darles el seguimiento oportuno.

Igualmente, no bastará en que se les hable por teléfono el día de la jornada o se les mande un mensaje de texto, de wasap, correo electrónico o cualesquier forma de comunicación, sino que el éxito dependerá de que el responsable de la promoción vaya directamente por sus promovidos, los lleve a votar, los esperen y hasta en una medida radical, mostrar la evidencia a través de una fotografía de la boleta con el recuadro cruzado del partido en cuestión; esto aprovechando que la autoridad electoral no ha podido frenar el uso de artefactos al interior de las mamparas, específicamente los celulares inteligentes.

Por eso es que fallan las encuestas porque dista mucho tener una intención a en verdad hacerla realidad, porque siempre suceden incidentes como son la falta de ganas, otras distracciones, el extravío de la credencial de elector y termina ganando la elección aquél partido o candidato que se tomó el tiempo de llevar a su gente a votar, como usualmente lo hace el PRI a través de sus estructuras y su amplia capacidad de movilización pero, ya no debe confiarse de su voto duro por las experiencias electorales de 2006 y 2010, así que no perdamos de vista la estrategia electoral que hoy comento.

Escrito por Alberto de la Rosa

Articulista del Periódico Victoria de Durango y estudioso del derecho electoral.

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