Escrito por Hermann Linden

Licenciado en ciencias de la Comunicación, con especialidad en medios masivos. Analista y comentarista político.

Reflexiones sobre la democracia

Actualmente, el concepto de democracia sobrepasa los actos de elegir, representar, deliberar y decidir, ya que además exige que se tenga un respeto irrestricto a la igualdad y la libertad de las personas.

Esos dos valores se han visto afectados por una serie de limitantes que impiden alcanzar una democracia en su concepción más alta. Estos límites provienen de distintas esferas como las normativas, las ideológicas y culturales.

Esta nueva concepción de democracia requiere que las personas desnutro de una sociedad tengan acceso a la información pública, que se garanticen y respeten sus derechos humanos, que las autoridades rindan cuentas, que las decisiones se tomen en conjunto entre gobierno y sociedad, y que la ley dé un trato igual a todas las personas sin distinción por su origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las conexiones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra forma que atente en contra de la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Así, encontramos que México es un país que se instaura como una Democracia Constitucional, la cual consiste en una forma de gobierno en la que los órganos del poder democrático, además de encontrarse vinculados según el principio de separación y división de poderes, están explícitamente vinculados en su actuación por la norma constitucional, que los obliga al respeto y a la garantía también de los otros derechos fundamentales, en primera instancia los derechos de la libertad y los derechos sociales.

De ahí que la democracia tenga como fundamento un espectro más amplio al electoral y que cualquier violación a los derechos sociales y humanos garantizados en nuestra Constitución, representan un límite para la misma.

Por eso, no podemos hablar de democracia si no sabemos qué sucedió con los 43 normalistas de Ayotzinapa; si no contamos con claridad en las asignaciones de proveedurías o concursos de obras de los tres órdenes de gobierno; si la rectoría de la UJED no aclara el tema de la estafa maestra con el desvío de recursos federal y menos que la contralora estatal finja demencia al respecto.

No podemos hablar de democracia si nuestros representantes populares no rinden cuentas del incumplimiento de sus compromisos adquiridos con la ciudadanía durante las campañas electorales y no podemos hablar de democracia si persiste la desigualdad social.

Para hablar realmente de democracia se necesita la participación proactiva de toda la sociedad civil, de que sus integrantes se unan, se organicen y generen equilibrios entre el poder público y el poder ciudadano; entonces sí podremos hablar de democracia.

Escrito por Hermann Linden

Licenciado en ciencias de la Comunicación, con especialidad en medios masivos. Analista y comentarista político.

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