Escrito por Hermann Linden

Licenciado en ciencias de la Comunicación, con especialidad en medios masivos. Analista y comentarista político.

Revanchismo vs Transición

Twitter: @hermannlinden

En días pasados he leído y escuchado que en Durango se busca “revancha” y las frases “cacería de brujas” o “quieren sangre”; me parece que dichas expresiones se utilizan de forma deliberada y que aunque se me pueda tachar de “violento”, el cual por cierto, es otro término que se ha venido utilizando desde la pasada derrota del PRI en nuestro estado, han sido fomentadas en gran medida y desde luego, por el gobierno, los personajes alrededor del gobernador y por supuesto por los grupúsculos dentro del partido tricolor que no se vieron beneficiados con el voto de los ciudadanos. El hablar de la importancia de una transición “tersa”, es en mi opinión quererse dar baños de pureza, el insistir en la importancia de no “espantar” las inversiones extranjeras, o simplemente las grandes inversiones por cuestiones políticas, pero por otro lado emitir juicios y tomar acciones irresponsables a favor de los sindicatos de transportes y sus perpetuos liderazgos, privando la llegada de una marca de carácter mundial, con presencia en otras ciudades del país y que significaría empleos para ciudadanos, que no tienen la oportunidad de adquirir las costosísimas placas de taxi, ni las ganas de lidiar con los rancios sindicatos, es una contradicción tremenda aquí y en cualquier lado.

La única transición tersa que ha existido en la política duranguense moderna, es la de Ismael Hernández Deras a Jorge Herrera Caldera y se dio así por cuestiones obvias, no solo el segundo era el delfín del gobernador en turno, sino que además había sido su secretario de finanzas, lo cual lo hacía parte de cualquier situación o manejo que se hubiera dado en el sexenio. De ahí en más, e incluso el mismo Hernández Deras en su momento, expresaron revisiones y auditorías al gobierno de sus antecesores y eso que todos emanaban del mismo partido. Es por ello, que me parece irresponsable que al contrario de lo que se expresa, se utilice y engañe a la ciudadanía bajo la amenaza de que las inversiones no llegarán o que se puedan “espantar” de haber revanchismo, término el cual insisto, está mal empleado.

Lo último que los mexicanos y desde luego los duranguenses queremos ver, es sangre;  en la actualidad ni el eufemismo cabe. Sin embargo y a juicio de múltiples ciudadanos votantes, es imperante que en esta transición se analice con lupa cada movimiento, cada obra y cada programa, que el análisis se extienda a los empresarios “favoritos” del sexenio, esos que desarrollaron emporios, que abarcaron de pe a pa, proveyendo todos tipos de servicios y que lograron amasar fortunas generacionales, dañando empresas, condicionando negocios, imponiendo sus términos y simplemente valiéndose del poder para beneficiarse a diestra y siniestra. Vivimos en una ciudad pequeña, donde el chisme y la envidia prolifera a velocidad de la luz, ser tan obvios y tener el descaro de ponerle iniciales a cada paso que uno da, a sabiendas de que seis años atrás nada de eso existía, duele y lástima, vamos, pega en el orgullo de una ciudadanía que lo último que tiene es ingenuidad y que se encuentra repugnada del actuar de los amos y señores que van y vienen, enriquecidos desmedidamente, ufanados ante los distintos círculos sociales de sus lujos y propiedades, peor aun cuando estos con sus declaraciones dan muestra de no quererse ir.

Escrito por Hermann Linden

Licenciado en ciencias de la Comunicación, con especialidad en medios masivos. Analista y comentarista político.

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