Escrito por Raúl González Rodríguez

Psicólogo Clínico. Articulista de El Sol de Durango.

Del miedo a la violencia. 

 

Los seres humanos siempre hemos tenido una fascinación intrínseca por elucubraciones, teorías conspiranoicas y básicamente por todo aquello que no entendemos o no podemos explicar. No en vano, al menos una vez en la vida hemos coincidido en algunaplática que verse sobre cuestiones profético – apocalípticas que, invariablemente, nos llevan al caos. En una minoría significativa, estas ideas llegan a instaurarse como patológicas a manera de delirios o ideas delirantes, en otras, únicamente causa una especie de seducción.

 El problema real es cuando las tenemos de frente, como ha sucedido en este año que, sin duda, estará inscrito en los annales de la historia por estar dando la bienvenida a muchas de aquellas cosas que creíamos imposibles o que despertaban curiosidad, pero parecían lejanas. 

 Al respecto, mucho se ha hablado del COVID-19 y de la desclasificación de documentos oficiales sobre el fenómeno OVNI, o incluso la actividad volcánica que se desató hace unas semanas en el cinturón de fuego del pacífico. Pero imágenes fuertes como los edificios incendiados por manifestantes por el asesinato racial de George Floyd y las múltiples manifestaciones llenas de violencia en todo el mundo, incluidas las de México por el atroz asesinato de Giovanni López en Jalisco por no portar un cubre bocas, entre otras cosas, tienen de origen un elemento en común, que es la emoción más intensa y primitiva que puede experimentar el ser humano y cuya única meta es la supervivencia: el miedo.

 Y es que, como lo menciona el filósofo, sociólogo y psicoanalista esloveno Slavoj Žižek, “hay una paradoja en juego: cuanto más conectado está nuestro mundo, más un desastre local puede desencadenar un miedo global y eventualmente una catástrofe”. Definitivamente, si hay algo que en este mundo interconectado se propaga más rápido incluso que el propio coronavirus, es el miedo, y éste puede tener múltiples respuestas, desde la huida hasta la violencia, como lo hemos estado viviendo.

 Todo esto ha dejado entrever una vez más la bondad de las personas, sin embargo, también ha dejado al descubierto la mezquindad de otras. Desde lo global como el egoísmo del líder político de Estados Unidos al tratar de que una eventual vacuna sólo llegue de inicio para los ciudadanos de su país; o la realidad alterna en la que viven los gobernantes que encabezan la “cuarta transformación”. Hasta lo particular, como el oportunismo de algunos dirigentes de cámaras empresariales y funcionarios del gobierno que encabeza José Rosas Aispuro Torres en el conocido #SedecoGate.

 A la mayoría de los gobernantes los ha rebasado esta crisis, y ante ello han caído en infundir más temor, y esa no es la mejor respuesta. La verdadera política es más necesaria que nunca pues las decisiones sobre la solidaridad son eminentemente políticas. Hoy en día necesitamos más que nunca lo que Kant llamó el uso público y privado de la razón, los ciudadanos obedecer sin perder la libertad de pensamiento y los funcionarios y elementos encargados de seguridad, solo obedecer.

 

EN EL TINTERO… José Ramón Enríquez hizo lo que todos sabíamos, tratar de ganarse nuevamente el afecto del presidente AMLO a través de uno de sus incondicionales y mejores operadores políticos aparte de Marcelo Ebrard: Ricardo Monreal. Todos lo dan por perdido, pero la política siempre ha enseñado que en ésta no existen los muertos políticos y aparte, que el pueblo tiene dañada la memoria a corto plazo. En estos menesteres, nunca se debe de descartar a nadie… @raulgonzalezr

Escrito por Raúl González Rodríguez

Psicólogo Clínico. Articulista de El Sol de Durango.

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