Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

La incertidumbre de la sucesión

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Ese día soleado de la víspera de Día de Reyes se inundaron las redes sociales con mensajes de felicitación al Ingeniero por su cumpleaños. Todo tipo de postales marcaron tendencia en las redes, no era para menos, pues se trataba del segundo hombre con más poder en la entidad, después del gobernador Pepe Flores, que ya se adentraba al fin de su mandato.

Entre la clase política había gran expectativa por la fiesta del ingeniero Abdón Clementino, siempre acostumbrado a echar la casa por la ventana en los festejos de su cumpleaños, era una forma de demostrar su poder: altas concentraciones de gente de todos los estratos sociales; grupos musicales de lo más variado; banquetes de todo tipo y sobretodo, ríos de alcohol que prolongaban la pachanga hasta por 48 horas. Nadie quería faltar a la fiesta del Ingeniero, y menos ahora, en la recta final del gobierno de Pepe Flores, además, todos deducían que aquél sería el ungido porque desde el Ministerio de la Gobernabilidad movía los hilos de la política mejor que cualesquier titiritero.

Las intrigas palaciegas se hicieron presentes con un par de días de anticipación, pues a las oficinas de los actores políticos y sociales empezaron a llegar invitaciones ostentosas, elaboradas con opalina y en cuyo sobre llevaba las siglas del nombre del Ingeniero. Todos se preguntaban si su fiesta llevaba el visto bueno del gobernador, que pese a estar en la fase final de su mandato, seguía siendo el mandamás de la localidad. Los columnistas peritos en el chisme político, afirmaban que sus fuentes les aseguraban que el Ingeniero tenía la aprobación del despacho principal del Edificio Dos Siglos, donde atendía el titular del ejecutivo, incluso que sería como una especie de destape para su sucesión.

La fiesta llegó, todos se dieron cita en los jardines de la Hacienda Tormentos, propiedad de uno de los hombres más ricos del país. Allí estaban todos los hombres y mujeres de mayor influencia en el estado, empresarios, dueños de medios de comunicación, el cardenal y el obispo, diputados, senadores; toda la crème de la crème. 

El festejado dispuso que en la mesa de honor estuvieran sus compañeros de gabinete y el presidente municipal que también sonaban para la grande. Dio instrucciones para que fuera flanqueado por el profesor Midas Icaza, ministro del Desarrollo; el licenciado Morillón, jefe de la Policía Judicial; el abogado Rosas Astudillo, consejero legal y el alcalde Alexander Gastélum.

El convivio se desarrolló en total armonía, la mesa de honor era auscultada por todas las miradas de la concurrencia para descifrar los gestos de los comensales, pero todo seguía en aparente calma, hasta que el Ingeniero levantó su caballito de Mezcal Lloridos de Tormentos para hacer un brindis con sus compañeros:

  • Queridos amigos, aprovecho que la gente está entretenida bailando para hacer un brindis con ustedes, me ha pedido nuestro amigo, el señor gobernador, que lo disculpe con ustedes pero no quiso venir porque ya siente algo de nostalgia que le esté llegando su tiempo de decir adiós. Me ha pedido que les comentara que yo soy el que soy, que yo soy el bueno para su sucesión y no se preocupen, seguirán arriba del barco, así que ¡salud!
  • ¡Estás equivocado compa! Le espetó el profesor Midas Icaza con su estilo serrano. Hace dos semanas Pepe, mi gran amigo, me dijo que yo soy el bueno para quedarse en su lugar. El domingo pasado fue a desayunar menudo a mi casa y aproveché para decirle que era momento de pensar en su sucesión, de dejar a alguien de su confianza en su lugar y quién más sino yo, que nos conocemos desde niños y me respondió: “claro, claro, me parece bien, muy bien, adelante, adelante, cuentas conmigo”. -Así que no se haga bolas inge- le echó en cara en profesor Icaza al cumpleañero.
  • ¡A mí me dijo lo mismo! Saltó de pronto el abogado Rosas Astudillo, yo sí le dije que me necesitaba más en su silla que en los tribunales defendiéndolo por si llegan a esculcarle, porque ya saben que el que busca encuentra y muy serio me dijo: “claro, claro claro, tienes razón, aunque no he hecho nada malo así debe ser, así debe ser; quién mejor que tú que eres de mi confianza, adelante, adelante, adelante, échale ganas”.
  • Pues a mí me dijo que el camino a la grande era con escala previa en San Lázaro, por eso me voy de candidato por una curul- Arrebató la palabra el jefe de la Policía Judicial.
  • ¡Ya no entiendo nada!- habló Gastélum. -Justo ayer después de la inauguración del Puente El Barranqueño nos fuimos en su camioneta, él manejando y yo a lado de él. Le pregunté que si ya tenía prevista su sucesión y sin más me dijo: “Claro, claro claro Gastélum y tú debes ser, tú debes ser, quién mejor que tú, tú eres el alcalde, tú eres el bueno, adelante, adelante, adelante”.
  • ¡Me lleva la que me trajo, a todos nos dijo lo mismo! ¡Ese Pepe Flores no ha cambiado!- Manifestó encolerizado el festejado, por lo que se levantó con el pretexto de saludar a los invitados y sorpresivamente los integrantes de la mesa de honor se desaparecieron del lugar.

Al día siguiente, el ingeniero, desvelado más por el coraje de la indecisión del gobernador que por la pachanga, se puso a revisar las columnas políticas para leer las crónicas y lecturas de su fiesta. No encontró mucho, solo una columna denominada La Monalisa, del periodista Dionisio de la Peña, la cual la señalaba lo siguiente: 

“Triste y desangelada la fiesta de cumpleaños del ministro de la Gobernabilidad, el ingeniero Abdón Clementino. Mala señal que no lo haya acompañado el señor Gobernador y su distinguida esposa, quienes argumentaron motivos de fuerza mayor para ausentarse del convivio. Eso quiere decir que el Ingeniero no es el elegido del mandamás de la entidad para sucederlo en Palacio Dos Siglos.

Es lógico, el gobernador no ha dicho ‘esta boca es mía’ en el tema de su sucesión, no es como los que le antecedieron que quisieron dejar a alguien dúctil para seguir mandando. No señores, se equivocan, el médico José Flores es diferente, él apoyará a quien tenga más posibilidades de ser el próximo gobernador, incluso si no es de su partido o en una nada, seguir los pasos de su mentor, el licenciado Silverio Esparta, que cuando fue gobernador y su final se acercaba ya, fue a Palacio Nacional a preguntarle al entonces Presidente Tomillo y éste le pidió su opinión por el licenciado Servio Marrero; el licenciado Silverio que es un viejo lobo de mar se las olió que por ahí iba el deseo del presidente por lo que le respondió que era un excelente político para gobernar el estado; por ello es que Silverio Esparta se fue feliz a su retiro a su Rancho Las Codornices, en donde nadie lo molestó con investigaciones o cacería de brujas. 

Con esto damos a entender que estamos viviendo la sucesión gubernamental más rara de la historia de la localidad, no se sabe quién vendrá ni cómo vendrá. El tiempo lo dirá.”

El Ingeniero permaneció imperturbable como una roca, tomó su teléfono inteligente y redactó el siguiente tuit respondiendo la columna: 

 @Elinge:

Agradezco tus comentarios @LaMonalisa, solo te puedo afirmar sin temor a equivocarme que tengo la sabia virtud de conocer el tiempo y respetarlo, al igual que al señor gobernador @PepeFlores. No inventes cosas donde no las hay. Saludos amigo.

Escrito por Monsieur Grillot

Politólogo francés radicado en México. Catedrático del Posgrado de Ciencia Política en la Universidad Benemérito de las Américas del Distrito Federal.

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