Escrito por Alberto de la Rosa

Profesor universitario y estudioso del derecho electoral.

La incierta sucesión de Rosas Aispuro

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En alguna ocasión, Luis Ángel Tejada Espino, político y escritor de feliz memoria, me comentó que todos los gobernadores, desde el primer día de su mandato, se la viven pensando en su sucesión.

Recordando esta conversación con el desaparecido “Chino de Tierra Blanca”, invaden a mi memoria los casos de Silerio Esparza, quien pretendió impulsar desde Palacio de Zambrano a personajes como Emiliano Hernández Camargo, Juan Arizmendi y Juan Ángel Chávez Ramírez; finalmente tuvo que acatar los deseos de Zedillo quien había decidido que el candidato del partido dominante fuera Ángel Sergio Guerrero Mier, gracias a los amarres que éste había realizado con Francisco Labastida.

Cuando el PRI quedó huérfano en el año 2000, Guerrero Mier, sintió el gusanillo de dejar sucesor en la silla de Palacio y en una de esas, seguir influyendo en el poder estatal, por eso envió a todos sus cuadros a los juegos de la sucesión pero finalmente cedió ante los amagos de Ismael Hernández Deras, quien ya tenía medio cuerpo en el PAN.

Ismael sí logró hacer lo que ninguno, dejó a su sucesor Jorge Herrera Caldera, gastó dinero, sudor y lágrimas para ver al hijo de don Nabor en su lugar; pero como era de esperarse, dos no cabían en la misma silla y Jorge construyó su emporio con la ayuda de sus familiares cercanos e igualmente, también buscó la manera de dejar sucesor, mas no contaba con que Rosas Aispuro tenía amarres en Los Pinos y Bucareli, de manera que tuvo que hacer paso de costado y dejar a su suerte a Esteban Villegas.

Luego de todo este breve repaso, pareciera que Aispuro no se ha preocupado ni ocupado de su sucesión. Sí lo ha hecho, solo que sus perfiles no crecieron como esperaba y no le cuajaron sus experimentos, veamos por qué:

En un primer momento, cedió todo el control político de su gobierno a Carlos Maturino, quien no supo qué hacer con tanto y desde el Congreso se perdió en la mayoría cuatroteísta y fue opacado por la movilidad mediática de José Antonio Ochoa.

Se podría pensar que Adrián Alanís fuera su Plan B, pero las diferencias constantes con su primer círculo lo llevaron a distanciarse, sin omitir que la edad le pesaba; aunque de todos es sabido que el poder levanta muertos.

Después de todo, se pudiera pensar que Héctor Flores Ávalos, tiene su venia para proyectarse rumbo a los juegos de la sucesión, pues claramente se ve que llegó a la Secretaría General de Gobierno a no estar en las sombras de las cloacas del poder, sino a figurar y por ende, a posicionarse en toda la entidad.

Se puede apreciar que Flores Ávalos, trae estrategias de comunicación tradicional y alternativa, como son las redes sociales; cuida cada elemento de su imagen pública en aras de comunicar influencia, presencia y mando así como elementos de comunicación política al sostener encuentros con diversos actores políticos y de la sociedad civil.

Aispuro tiene que buscar y construir opciones propias para que lo releven, quizá se dio cuenta que al margen de que Jorge Salum sea el candidato natural a la gubernatura, su salud no es del todo óptima, además de que no ha podido proyectar un gobierno municipal fuerte; independientemente de esto, el gobernador no deberá estar cerrado a en un momento dado negociar su salida con el perfil que al final del día cuente con mayor preferencia en las encuestas, mismos que pudieran ser Esteban Villegas, José Ramón Enríquez, Gonzalo o Benítez. Cada vez falta menos para dilucidar qué pasará; pero de que la sucesión es incierta, lo es.

Escrito por Alberto de la Rosa

Profesor universitario y estudioso del derecho electoral.

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